martes, 16 de mayo de 2023

20° día La Reina del Cielo en el reino de la Divina Voluntad

 El pequeño Rey Jesús ha nacido. Los ángeles lo señalan y llaman a los pastores a adorarlo. Cielos y tierra se regocijan y el Sol del Verbo Eterno, haciendo su curso aclara la noche del pecado, y da principio al pleno día de la gracia. Estancia en Belén.

Lección la Reina del Cielo

 A su hija Hija mía queridísima, ¡oh! cómo te suspiro en mis brazos para tener el gran contento de poder decir a nuestro pequeño Rey niñito: “No llores cariño mío, mira, aquí con nosotros está mi pequeña hija que quiere reconocerte por Rey y darte el dominio en su alma, para hacerte extender el reino de tu Divina Voluntad en ella.” Ahora, hija de mi corazón, mientras estás atenta en mirar al niñito Jesús, préstame atención y escúchame, tú debes saber que era media noche cuando el pequeño Rey salió de mi seno materno, pero la noche se cambió en día; Aquél que era dueño de la luz ponía en fuga la noche de la voluntad humana, la noche del pecado, la noche de todos los males; y por señal de lo que hacía en el orden de las almas con su acostumbrado Fiat omnipotente, la media noche se cambió en día fulgidísimo; todas las cosas creadas corrían para alabar en aquella pequeña Humanidad a su Creador. El sol corría para dar sus 64 primeros besos de luz al niñito Jesús y calentarlo con su calor; el viento imperante con sus oleadas, purificaba el aire de aquel establo y con su dulce gemido le decía te amo; los cielos se sacudían desde sus cimientos; la tierra exultaba y temblaba, hasta en el abismo; el mar se agitaba con sus olas altísimas; en suma, todas las cosas creadas reconocieron que su Creador ya estaba en medio de ellas, y todas hacían competencia para alabarlo, los mismos ángeles, formando luz en el aire, con voz melodiosa, de poderse escuchar por todos, decían: “Gloria a Dios en lo más alto de los cielos y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad, ya ha nacido el celestial niñito en la gruta de Belén, envuelto en pobres pañales.” Tanto, que los pastores que estaban en vigilia escucharon las voces angélicas y corrieron a visitar al pequeño Rey divino. Por eso hija querida, continúa escuchándome. En cuanto Yo lo recibí en mis brazos y le di mi primer beso, sentí la necesidad de amor de dar de lo mío a mi Hijo niñito, y ofreciéndole mi seno le di leche abundante, leche formada por el mismo Fiat Divino en mi persona para alimentar al pequeño Rey Jesús. Pero ¿quién puede decirte lo que Yo sentía al hacer esto? ¿Y los mares de gracia, de amor, de santidad, que para corresponderme me daba mi Hijo? Por eso lo envolví en pobres pero limpios pañales y lo acosté en el pesebre, ésta era su Voluntad, y Yo no podía hacer otra cosa que seguirla. Pero antes de hacer esto hice partícipe al querido san José poniéndolo en sus brazos; y ¡oh! cómo gozó, se lo estrechó al corazón, y el dulce niñito derramó en su alma torrentes de gracia. Después, junto con san José pusimos un poco de heno en el pesebre, y separándolo de mis brazos maternos lo acosté dentro. Y tu Mamá, raptada por la belleza del infante divino, me estaba la mayor parte inclinada ante Él; ponía en movimiento todos mis mares de amor, que el Querer Divino había formado en Mí, para amarlo, adorarlo y agradecerle. Y el celestial niñito, ¿qué hacía en el pesebre? Un acto continuado de la Voluntad de nuestro Padre celestial, que era también suya, y emitiendo gemidos y suspiros, gemía, lloraba y llamaba a todos diciendo en sus gemidos amorosos: “Vengan todos mis hijos, por amor tuyo he nacido al dolor, a las lágrimas, vengan todos a conocer el exceso de mi amor, denme un refugio en sus corazones.” Y hubo un ir y venir de pastores que vinieron a visitarlo, y a todos daba su dulce mirada y su sonrisa de amor en sus mismas lágrimas. Ahora hija mía, una palabrita a ti, tú debes saber que toda mi alegría era tener en mi regazo a mi querido Hijo Jesús, pero el Querer Divino me hizo entender que lo pusiera en el pesebre a disposición de todos, a fin de que 65 quien lo quisiera pudiera acariciarlo, besarlo y tomarlo entre sus brazos como si fuera suyo; era el pequeño Rey de todos, por lo tanto tenían el derecho de hacer de Él una dulce prenda de amor, y Yo para cumplir el Querer Supremo me privé de mis alegrías inocentes, y comencé con las obras y los sacrificios el oficio de Madre, de dar a Jesús a todos. Hija mía, la Divina Voluntad es exigente, quiere todo, incluso el sacrificio de las cosas más santas, y de acuerdo a las circunstancias, el gran sacrificio de privarse del mismo Jesús, pero esto para extender mayormente su reino y para multiplicar la Vida del mismo Jesús, porque cuando la criatura por amor suyo se priva de Él, es tal y tanto el heroísmo y el sacrificio, que tiene virtud de producir una Vida nueva de Jesús, para poder formar otra habitación a Jesús. Por eso querida hija, sé atenta y no niegues jamás nada a la Divina Voluntad bajo cualquier pretexto.

19° día. La Reina del Cielo en el reino de la Divina Voluntad.

 Sol que surge. Pleno mediodía. 

El Verbo Eterno en medio a nosotros.

Lección de la Reina del Cielo, Madre de Jesús

 Hija queridísima, no temas, confíate en tu Mamá, vierte todo en mi corazón y Yo me ocuparé de todo, te haré de Mamá, cambiaré tus penas en luz y me serviré de ellas para agrandar los confines del reino de la Voluntad Divina en tu alma; por eso haz todo a un lado por ahora y escúchame, quiero decirte lo que obró el pequeño Rey Jesús en mi seno materno, y como tu Mamá no perdió ni siquiera un respiro del pequeño Jesús. Ahora hija mía, la pequeña Humanidad de Jesús iba creciendo unida hipostáticamente con la Divinidad, mi seno materno era estrechísimo, oscuro, no había resquicio de luz, y Yo lo veía en mi seno materno inmóvil, envuelto dentro de una noche profunda. ¿Pero sabes tú quién formaba esta oscuridad tan intensa al infante Jesús? La voluntad humana, en la cual el hombre voluntariamente se había envuelto, y por cuantos pecados cometía tantos abismos de tinieblas formaba alrededor y dentro de sí, de modo que lo dejaba inmóvil para hacer el bien. Y mi amado Jesús para poner en fuga las tinieblas 61 de esta noche tan profunda, en la que el hombre se había vuelto prisionero de su misma voluntad tenebrosa, hasta perder el movimiento para hacer el bien, escogió la dulce prisión de su Mamá y voluntariamente se ofreció a la inmovilidad de nueve meses. Hija mía, si tú supieras cómo mi materno corazón era martirizado al ver al pequeño Jesús en mi seno, inmóvil, llorar, suspirar, su latido ardiente palpitaba fuertemente, y delirando de amor hacía sentir su latido en cada corazón para pedirles por piedad sus almas para encerrarlas en la luz de su Divinidad, porque Él por amor de ellos, voluntariamente había cambiado la luz por las tinieblas, a fin de que todos pudieran obtener la verdadera luz para ponerse a salvo. Hija mía queridísima, ¿quién puede decirte lo que sufrió mi pequeño Jesús en mi seno? Penas inauditas e indescriptibles. Estaba dotado de plena razón, era Dios y Hombre, y era tanto su amor que ponía aparte los mares infinitos de alegrías, de felicidad, de luz, y sumergía su pequeña Humanidad en los mares de tinieblas, de amarguras, de infelicidad, de miserias, que le habían preparado las criaturas, y el pequeño Jesús se las ponía todas sobre sus espaldas como si fueran suyas. Hija mía, el verdadero amor jamás dice basta, no mira las penas, y por medio de penas busca a aquél que ama; y sólo está contento cuando pone su vida para dar nuevamente la vida a aquél que ama. Hija mía, escucha a tu Mamá, ¿ves qué gran mal es hacer tu voluntad? No sólo preparas la noche a tu Jesús y a ti, sino que formas mares de amargura, de infelicidad y de miseria, en los cuales quedas tan arrollada que no sabes cómo salir de ellos. Por eso sé atenta, hazme feliz al decirme: “Quiero hacer siempre la Divina Voluntad.” Ahora escucha hija mía, el pequeño Jesús, penando de amor está en acto de apresurarse para salir a la luz del día, sus ansias, sus suspiros ardientes y deseos porque quiere abrazar a la criatura, hacerse ver, mirarla para raptarla a Sí, no le dan más descanso, y así como un día se puso de centinela a las puertas del Cielo para encerrarse en mi seno, así está en acto de ponerse como centinela a las puertas de mi seno, que es más que Cielo, y el Sol del Verbo Eterno surge en medio al mundo y forma su pleno mediodía. Así que para las pobres criaturas no habrá más noche, ni alba, ni aurora, sino siempre Sol, más que en la plenitud del mediodía.  Tu Mamá sentía que no lo podía contener más dentro de Mí, mares de luz y de amor me inundaban, y así como dentro de un mar de luz lo concebí, así dentro de un mar de luz salió de mi seno materno. Hija querida, para quien vive de Voluntad Divina todo es luz y todo se convierte en luz, entonces en esta luz, Yo, raptada esperaba estrechar entre mis brazos a mi pequeño Jesús, y en cuanto salió de mi seno escuché sus primeros gemidos amorosos, y el ángel del Señor me lo entregó entre mis brazos y Yo lo estreché fuertemente a mi corazón y le di mi primer beso, y el pequeño Jesús me dio el suyo. Por ahora basta, mañana te espero de nuevo para seguir la narración del nacimiento de Jesús.

18° día La Reina del Cielo en el reino de la Divina Voluntad.

 La Virgen, cielo adornado de estrellas; en este cielo el Sol divino brilla con sus rayos fulgidísimos y llena Cielo y tierra. 

Jesús en el seno de su Mamá. 

Visita a santa Isabel; santificación de Juan.


Lección de la Reina del Cielo, Madre de Jesús

 Mi querida hija, hoy más que nunca te espero, mi materno corazón está henchido, siento la necesidad de desahogar mi ardiente amor con mi hija, quiero decirte que soy Madre de Jesús, mis alegrías son infinitas, mares de felicidad me inundan, Yo puedo decir: soy Madre de Jesús, su criatura, su esclava, y sólo al Fiat lo debo, me volvió llena de gracia, preparó la digna habitación a mi Creador, por eso la gloria, el honor y el agradecimiento sean siempre al Fiat Supremo. Ahora escúchame hija de mi corazón, en cuanto fue formada con la potencia del Fiat Divino la pequeña Humanidad de Jesús en mi seno, el Sol del Verbo Eterno se encarnó en Ella. Yo tenía mi cielo formado por el Fiat todo adornado de estrellas fulgidísimas que centelleaban alegrías, bienaventuranzas, armonías de bellezas divinas, y el Sol del Verbo Eterno, 56 resplandeciente de luz inaccesible vino a tomar su puesto dentro de este cielo, escondido en su pequeña Humanidad, la cual no pudiéndolo contener, el centro del Sol estaba en Ella pero su luz se desbordaba fuera, e invistiendo Cielo y tierra llegaba a cada corazón, y con su golpe de luz llamaba a cada criatura, y con las voces de luz penetrante les decía: “Hijos míos, ábranme, denme el puesto en vuestro corazón, he descendido del Cielo a la tierra para formar en cada uno de ustedes mi Vida, mi Madre es el centro donde reside y todos mis hijos serán la circunferencia donde quiero formar tantas Vidas mías por cuantos hijos hay.” Y la luz llamaba y volvía a llamar sin cesar jamás, y la pequeña Humanidad de Jesús gemía, lloraba, sufría espasmos y dentro de aquella luz que llegaba a los corazones hacía correr sus lágrimas, sus gemidos y sus espasmos de amor y de dolor. Ahora tú debes saber que para tu Mamá comenzó una nueva vida, Yo estaba al día de todo lo que hacía mi Hijo, lo veía devorado por mares de llamas de amor, cada latido suyo, respiro y pena, eran mares de amor que hacía salir, envolvía a todas las criaturas para hacerlas suyas por fuerza del amor y del dolor, porque tú debes saber que en cuanto fue concebida su pequeña Humanidad, concibió todas las penas que debía sufrir hasta el final de su vida, encerró en Sí mismo a todas las almas, porque como Dios ninguno le podía huir, su inmensidad encerraba a todas las criaturas, su omnividencia le hacía presentes a todas; por eso mi Jesús, mi Hijo, sentía el peso y el fardo de todos los pecados de cada una de las criaturas. Y Yo, tu Mamá, lo seguía en todo y sentí en mi materno corazón la nueva generación de las penas de mi Jesús, y la nueva generación de todas las almas que como Madre debía generar junto con Jesús a la gracia, a la luz, a la vida nueva que mi querido Hijo vino a traer a la tierra. Hija mía, tú debes saber que desde que Yo fui concebida te amé como Madre, te sentía en mi corazón, ardía de amor por ti, pero no entendía el por qué; el Fiat Divino me hacía hacer los actos, pero me tenía oculto el secreto, pero en cuanto se encarnó me develó el secreto y comprendí la fecundidad de mi maternidad, que no sólo debía ser madre de Jesús, sino Madre de todos, y esta maternidad debía ser formada sobre la hoguera del dolor y del amor. Hija mía, ¡cuánto te he amado y te amo! Ahora escucha hija querida hasta dónde se puede llegar cuando el Divino Querer toma la vida obrante en la criatura y la voluntad humana lo deja hacer sin impedirle el paso. Este Fiat, que en naturaleza posee la virtud generativa, genera todos los bienes en la criatura, la hace fecunda, dándole la maternidad sobre todos, sobre todos los bienes, y sobre Aquél que la ha creado. 57 Maternidad dice y significa verdadero amor, amor heroico, amor que se contenta con morir para dar vida a quien ha generado; si no hay esto, la palabra maternidad es estéril, está vacía y se reduce a palabras, pero en los hechos no existe. Por eso hija mía, si quieres la generación de todos los bienes haz que el Fiat tome en ti la vida obrante, el cual te dará la maternidad y amarás todo con amor de madre, y Yo, tu Mamá, te enseñaré el modo cómo fecundar en ti esta maternidad toda santa y divina. En cuanto llegué a ser Madre de Jesús y Madre tuya, mis mares de amor se duplicaron, y no pudiendo contenerlos todos, sentía la necesidad de expandirlos y de ser, incluso a costo de grandes sacrificios, la primera portadora de Jesús a las criaturas. Pero qué digo ¿sacrificios? Cuando se ama de verdad, los sacrificios, las penas, son refrigerios, consuelos y desahogos del amor que se posee. ¡Oh! hija mía, si tú no pruebas el bien del sacrificio, si no sientes como él es causa de las alegrías más íntimas, es señal de que el amor divino no llena toda tu alma, y por lo tanto que la Divina Voluntad no reina como Reina en ti. Ella sola da tanta fuerza al alma, de volverla invencible y capaz de soportar cualquier pena. Pon la mano sobre tu corazón y observa cuántos vacíos de amor hay en él, reflexiona: aquella secreta estima de ti misma, aquel turbarte por cada mínima contrariedad, aquellos pequeños apegos que sientes a cosas y a personas, aquel cansancio en el bien, aquel fastidio que te causa lo que no te gusta, equivalen a otros tantos vacíos de amor en tu corazón, vacíos que, parecidos a la fiebre, te privan de la fuerza y del deseo de llenarte de Voluntad Divina. ¡Oh! cómo sentirías también tú la virtud refrescante y conquistante en tus sacrificios si llenas de amor estos vacíos tuyos. Hija mía, dame ahora la mano y sígueme, porque Yo continuaré dándote mis lecciones. Partí de Nazaret acompañada de san José, afrontando un largo viaje y atravesando montañas para ir a visitar en Judea a Isabel, que a avanzada edad, milagrosamente llegaba a ser madre. Yo iba a ella no para hacerle una simple visita, sino más bien porque ardía en deseos de llevarle a Jesús. La plenitud de gracia, de amor, de luz que sentía en Mí me empujaba a llevar, a multiplicar, a centuplicar la vida de mi Hijo en las criaturas. Sí hija mía, el amor de Madre que tuve por todos los hombres y por ti en particular, fue tan grande, que Yo sentí la necesidad extrema de dar a todos a mi querido Jesús, a fin de que todos lo pudieran poseer y amar. El derecho de Madre que me fue dado por el Fiat, me enriqueció de tal potencia, 58 de multiplicar tantas veces a Jesús por cuantas eran las criaturas que lo querían recibir, éste era el más grande milagro que Yo podía hacer, tener pronto a Jesús para darlo a cualquiera que lo deseara. ¡Cómo me sentía feliz! Cuánto quisiera que también tú hija mía, acercándote a las personas y haciendo visitas, fueras siempre la portadora de Jesús, capaz de hacerlo conocer y deseosa de hacerlo amar. Después de algunos días de viaje llegué finalmente a Judea, y presurosa me conduje a la casa de Isabel. Ella vino a mi encuentro festiva. Al saludo que le di sucedieron fenómenos maravillosos, mi pequeño Jesús exultó en mi seno y fijando con los rayos de la propia Divinidad al pequeño Juan en el seno de su madre, lo santificó, le dio el uso de la razón y le hizo conocer que Él era el Hijo de Dios. Juan entonces saltó tan fuertemente de amor y alegría, que Isabel se sintió sacudida, golpeada también ella por la luz de la Divinidad de mi Hijo, supo que Yo me había convertido en la Madre de Dios, y en el énfasis de su amor, temblando de gratitud exclamó: “¿De dónde a mí tanto honor, que la Madre de mi Señor venga a mí?” Yo no negué el altísimo misterio, más bien lo confirmé humildemente. Alabando a Dios con el canto del Magnificat, canto sublime por medio del cual continuamente la Iglesia me honra, anuncié que el Señor había hecho grandes cosas en Mí, su esclava, y por esto todas las gentes me habrían llamado bienaventurada. Hija mía, Yo me sentía consumir por el deseo de dar un desahogo a las llamas de amor que me consumían, y de externar mi secreto a Isabel, la cual, también ella suspiraba al Mesías sobre la tierra. El secreto es una necesidad del corazón que irresistiblemente se revela a las personas capaces de entenderse. ¿Quién podrá jamás decirte cuánto bien llevó mi visita a Isabel, a Juan, a toda aquella casa? Cada uno quedó santificado, lleno de alegría, advirtió alegrías insólitas, comprendió cosas inauditas, y Juan en particular recibió todas las gracias que le eran necesarias para prepararse a ser el precursor de mi Hijo. Hija queridísima, la Divina Voluntad hace cosas grandes e inauditas dondequiera que Ella reina; si Yo obré tantos prodigios fue porque Ella tenía su puesto real en Mí. Si también tú dejas reinar al Divino Querer en tu alma, te convertirás también en la portadora de Jesús a las criaturas, sentirás también tú la irresistible necesidad de darlo a todos.

17° día. La Reina del Cielo en el reino de la Divina Voluntad.

 Las puertas del Cielo se abren, el Sol del Verbo Eterno se pone a la espía. Envía a su ángel para avisar a la Virgen que la hora de Dios ha llegado.


Lección de la Soberana Reina


 Hija queridísima, es propiamente ésta la finalidad que amo tanto, el hacerte oír los arcanos celestiales del Fiat Divino y los portentos que puede obrar donde mi Voluntad reina completamente, y el gran mal de quien se hace dominar por el querer humano, a fin de que tú ames mi Voluntad para hacerla formar su trono en ti, y aborrezcas tu querer, para hacer de tu voluntad el escabel del Querer Divino, teniéndola sacrificada a sus pies divinos. Ahora hija mía escúchame, Yo continuaba mi vida en Nazaret, el Fiat Divino continuaba extendiendo en Mí su reino, para ello se servía de los más pequeños actos míos, incluso de los más indiferentes, como era mantener el orden de la pequeña casita, encender el fuego, barrer, y todos aquellos servicios que se acostumbran en las familias, para hacerme sentir su vida palpitante en el fuego, en el agua, en el alimento, en el aire que respiraba, en todo, e invistiéndolos formaba sobre mis pequeños actos mares de luz, de gracia, de santidad, porque donde reina el Divino Querer, tiene la potencia de formar de las pequeñas naderías, nuevos cielos de belleza encantadora, porque Él, siendo inmenso, no sabe hacer cosas pequeñas, sino que con su potencia da valor a las pequeñeces y de ellas forma las cosas más grandes, de dejar atónitos cielos y tierra. Todo es santo, todo es sagrado para quien vive de Voluntad Divina. 53 Ahora hija de mi corazón préstame atención y escúchame, unos cuantos días antes del descenso del Verbo sobre la tierra, Yo veía el Cielo abierto y el Sol del Verbo Divino a sus puertas, como para mirar sobre de quién debía emprender su vuelo, para volverse celestial Prisionero de una criatura. ¡Oh! cómo era bello verlo a las puertas del Cielo, como vigilando y espiando a la afortunada criatura que debía albergar a su Creador; y a la Trinidad Sacrosanta observando la tierra no más extraña a Ella, porque estaba la pequeña María que poseyendo la Divina Voluntad había formado el reino divino donde podía descender seguro, como en su propia habitación, en la que encontraba el Cielo y los tantos soles de tantos actos de Voluntad Divina hechos en mi alma. La Divinidad regurgitó de amor y se quitó el manto de justicia que desde tantos siglos había tenido con las criaturas, y se cubrió con el manto de misericordia infinita, y decretaron entre Ellos el descendimiento del Verbo, y están en acto de hacer sonar la hora del cumplimiento. A este sonido Cielo y tierra quedan estupefactos y se pusieron atentos para ser espectadores de un exceso de amor tan grande y de un prodigio tan inaudito. Tu Mamá se sentía incendiada de amor, y haciendo eco al amor de mi Creador quería formar un solo mar de amor, a fin de que descendiera en él el Verbo, mis plegarias eran incesantes, y mientras oraba en mi habitación, un ángel viene mandado del Cielo como mensajero del gran Rey, se me pone delante e inclinándose me saludó: “Ave, ¡oh! María, Reina nuestra, el Fiat Divino te ha llenado de gracia. Ya ha pronunciado el Fiat porque quiere descender, está detrás de mí, pero quiere tu Fiat para formar el cumplimiento de su Fiat.” Ante un anuncio tan grande, tan deseado por Mí, pero jamás había pensado que fuera Yo la elegida, quedé estupefacta y vacilé un instante, pero el ángel del Señor me dijo: “No temas Reina nuestra, Tú has encontrado gracia ante Dios, Tú has vencido a tu Creador, por eso, para cumplir la victoria pronuncia tu Fiat.” Yo pronuncié el Fiat, y ¡oh! maravilla, los dos Fiat se fusionaron y el Verbo Divino descendió en Mí. Mi Fiat que era valorado con el mismo valor del Fiat Divino, formó del germen de mi humanidad la pequeñita Humanidad que debía encerrar al Verbo, y fue cumplido el gran prodigio de la Encarnación. ¡Oh! potencia del Fiat Supremo, Tú me elevaste tanto, de volverme poderosa hasta poder crear en Mí aquella Humanidad que debía contener al Verbo Eterno, que Cielos y tierra no podían contener. Los Cielos se estremecieron y toda la Creación se puso en actitud de fiesta, y recreándose de alegría cantaban sobre la casita de Nazaret para dar los homenajes y saludos al Creador humanado, y en su mudo lenguaje decían: “¡Oh! prodigio de los prodigios, que sólo un Dios podía hacer, la inmensidad se ha 54 empequeñecido, la potencia se ha vuelto impotente, su altura inenarrable se ha abajado hasta el abismo del seno de una Virgen, y al mismo tiempo ha quedado pequeño e inmenso, potente e impotente, fuerte y débil.” Hija mía querida, tú no puedes comprender lo que sintió tu Mamá en el momento de la Encarnación del Verbo. Todos me apuraban y esperaban mi Fiat, podría decir omnipotente. Ahora hija querida escúchame, cómo te debe importar el hacer y el vivir de Voluntad Divina, mi potencia existe todavía, hazme pronunciar mi Fiat sobre tu alma, pero para hacer esto quiero el tuyo, por sí solo no se puede hacer un verdadero bien, sino que siempre entre dos se hacen las obras más grandes. Dios mismo no quiso hacer las cosas por Sí solo, sino que me quiso a Mí junto para formar el gran prodigio de la Encarnación, y en mi Fiat y en el suyo formó la Vida del Hombre y Dios, se ajustó la suerte del género humano, el Cielo no estuvo más cerrado, todos los bienes venían encerrados en medio a los dos Fiat. Por eso pronunciemos juntas Fiat, Fiat, y mi amor materno encerrará en ti la Vida de la Divina Voluntad. Por ahora basta, mañana te espero de nuevo para narrar a mi hija lo que siguió a la Encarnación.

16° día La Reina del Cielo en el reino de la Divina Voluntad.

  En la casa de Nazaret Cielo y tierra están por darse el beso de paz. 

La hora divina está cercana.




Lección de la Reina del Cielo

 Hija mía queridísima, si tú supieras cómo suspiro por tenerte encerrada en el reino de la Divina Voluntad, cada lección que te doy son barreras que formo para impedirte la salida y son fortaleza para ponerle muros a tu voluntad, a fin de que comprenda y ame el estar bajo el dulce imperio del Fiat Supremo. Por eso sé atenta en escucharme, porque no son otra cosa que trabajo que hace tu Mamá para atraer y raptar tu voluntad, y hacer vencer la Divina Voluntad sobre ti. Ahora amada hija mía escúchame, Yo partí del templo con el mismo valor con el que entré y sólo por cumplir la Divina Voluntad, Yo fui a Nazaret y no encontré más a mis queridos y santos padres. Iba acompañada sólo de san José, y Yo veía en él a mi buen ángel que Dios me había dado para mi custodia, si bien tenía legiones de ángeles que me acompañaban en el viaje. Todas las cosas creadas me hicieron reverencias de honor, y Yo agradeciéndoles di a cada cosa creada mi beso y mi saludo de Reina y así se llegó a Nazaret. Ahora, tú debes saber que san José y yo nos veíamos con reserva y sentíamos el corazón desbordante, porque el uno quería hacer conocer al otro que estábamos atados a Dios con el voto de virginidad perenne. Finalmente se rompió el silencio y ambos nos manifestamos el voto. ¡Oh! cómo nos sentimos felices, y agradeciendo al Señor nos prometimos vivir juntos como  hermano y hermana. Yo era atentísima en servirlo, nos mirábamos con veneración y la aurora de la paz reinaba en medio de nosotros. ¡Oh, si todos se miraran en Mí para imitarme! Yo me adaptaba a la vida común, nada hacía traslucir fuera de los grandes mares de gracia que poseía. Ahora escucha hija mía, en la casa de Nazaret Yo me sentía más que nunca enfervorizada y rogaba que el Verbo Divino descendiera sobre la tierra. La Divina Voluntad que reinaba en Mí no hacía otra cosa que investir todos mis actos de luz, de belleza, de santidad, de potencia, sentía que formaba el reino de la luz, pero la luz que siempre surge, el reino de la belleza, santidad y potencia que siempre crece, así que todas las cualidades divinas que el Fiat Divino extendía en Mí con su reinar, me llevaban la fecundidad. La luz que me invadía era tanta, que mi misma humanidad quedaba de tal manera embellecida e investida por este Sol del Querer Divino, que no hacía otra cosa que producir flores celestiales; Yo sentía que el Cielo se abajaba hasta Mí, y que la tierra de mi humanidad subía, y Cielo y tierra se abrazaban, se pacificaban para darse el beso de paz y de amor, y la tierra se disponía a producir el germen para formar al Justo, al Santo, y el Cielo se abría para hacer descender al Verbo en este germen. Yo no hacía otra cosa que subir y descender de mi patria celestial y arrojarme en los brazos paternos de mi Padre celestial y le decía con el corazón: “Padre santo, no puedo más, me siento consumir, y mientras ardo siento una fuerza poderosa que quiere venceros, con las cadenas de mi amor quiero ataros para desarmaros, a fin de que no tarden más, sobre las alas de mi amor quiero transportar al Verbo Divino del Cielo a la tierra.” Y rogaba y lloraba porque me hubiera escuchado. Y la Divinidad vencida por mis lágrimas y plegarias me aseguró diciéndome: “Hija, ¿quién te puede resistir? Has vencido, la hora divina está cercana. Tú regresa a la tierra y continúa tus actos en la potencia de mi Querer, y con éstos, todos quedarán sacudidos, y Cielo y tierra se darán el beso de paz.” Pero a pesar de esto yo no sabía aún que debía ser la Madre del Verbo Eterno. Ahora hija querida, escúchame y comprende bien qué significa vivir de Voluntad Divina; Yo con vivir de Ella formé el Cielo y su reino divino en mi alma, si no hubiera formado en Mí este reino, jamás el Verbo hubiera podido descender del Cielo a la tierra, si descendió fue porque descendió en su reino que la Divina Voluntad había formado en Mí, encontró en Mí su Cielo, sus alegrías divinas, jamás el Verbo habría descendido dentro de un reino extraño, ¡ah! no, no, quiso primero formarse su reino en Mí, y descender como vencedor a su reino, y no sólo esto, sino que con vivir siempre de Divina  Voluntad, Yo adquirí por gracia lo que en Dios es naturaleza, la fecundidad divina para formar sin obra de hombre el germen para hacer germinar de Mí la Humanidad del Verbo Eterno. ¿Qué cosa no puede hacer la Divina Voluntad obrante en una criatura? Todo, y todos los bienes posibles e imaginables. Por eso lo que más te debe importar es que todo sea en ti Voluntad Divina, si quieres imitar a tu Mamá y hacerme contenta y feliz.

sábado, 13 de mayo de 2023

15° día. La Reina del Cielo en el Reino de la Divina Voluntad.

 Sale del templo. Esponsales con san José. Espejo divino al que llama a mirarse a todos aquellos que son llamados por Dios al estado conyugal.



Lección de la Reina del Cielo

Vamos hija mía, ánimo y confianza en tu Mamá y propósito férreo de no dar jamás vida a tu voluntad. ¡Oh! cómo quisiera oír de tus labios: “Mamá mía, mi voluntad ha terminado, y todo el imperio lo tiene en mí el Fiat Divino.” Éstas son las armas que la hacen estar muriendo continuamente, y vencen el corazón de tu Mamá para usar todas las artes amorosas de Madre, para que su hija viva en el reino de su Mamá. Para ti será dulce muerte, que te dará la verdadera vida, y para Mí será la más bella de las victorias que haré en el reino de la Divina Voluntad, por eso confianza y ánimo en Mí, la desconfianza es de los viles y de aquellos que no están verdaderamente decididos a obtener la victoria, y por eso están siempre sin armas, y sin armas no se vence y se es siempre intermitente y vacilante en hacer el bien. Ahora hija mía escúchame, Yo continuaba mi vida en el templo y mis escapadas para allá arriba, a mi patria celestial; Yo tenía mis derechos de hija de hacer mis pequeñas visitas a mi Familia Divina, que más que padre me pertenecía, pero cual no fue mi sorpresa cuando en una de estas visitas mías me hicieron conocer que era Voluntad de ellos que saliera del templo, uniéndome con el vínculo de esponsalicio según el uso externo de aquellos  tiempos, con un hombre santo llamado José, y retirarme junto con él a vivir en la casa de Nazaret. Hija mía, en este momento de mi vida, aparentemente parecía que Dios quería ponerme en prueba y en riesgo. Yo no había amado jamás a ninguno en el mundo, y como la Voluntad Divina tenía su extensión en todo mi Ser, mi voluntad humana no tuvo jamás un acto de vida, por eso en Mí faltaba el germen del amor humano, ¿cómo podía amar a un hombre, por cuan santo fuera, en el orden humano? Es verdad que Yo amaba a todos, y era tanto el amor hacia todos, que mi amor de Madre me los había escrito con caracteres imborrables de fuego, uno por uno en mi materno corazón, pero esto era todo en el orden del amor divino, porque el amor humano comparado con el divino se puede llamar sombras, pinceladas, átomos de amor. Sin embargo hija querida, lo que aparentemente parecía riesgo y como extraño a la santidad de mi vida, Dios se sirvió de ello admirablemente para cumplir sus designios y concederme la gracia que Yo tanto suspiraba, esto es, que descendiera el Verbo a la tierra. Dios me daba la salvaguarda, la defensa, la ayuda, a fin de que ninguno pudiera murmurar de Mí, sobre mi honestidad, San José debía ser el cooperador, el tutor que debía tomar el interés de aquél poco de humano que se necesitaba, y la sombra de la Paternidad celestial en la cual debía ser formada nuestra pequeña familia celestial sobre la tierra. Entonces, a pesar de mi sorpresa, rápidamente dije Fiat, sabiendo que la Divina Voluntad no me habría hecho mal, ni perjudicado mi santidad. ¡Oh! si hubiera querido poner un acto de mi voluntad humana, aun bajo el aspecto de no querer conocer hombre, habría mandado a la ruina los planes de la venida del Verbo sobre la tierra. Así que no es la diversidad de los estados la que perjudica a la santidad, sino la falta de la Divina Voluntad y el no cumplimiento de los propios deberes en el estado en el cual Dios llama a la criatura, todos los estados son santos, también el matrimonio, con tal que dentro esté la Divina Voluntad y el sacrificio exigido de los propios deberes, pero la mayor parte son indolentes y perezosos, y no sólo no se hacen santos, sino que forman del estado de cada uno, quién un purgatorio y quién un infierno. Por eso en cuanto conocí que debía salir del templo, Yo no hice movimiento alguno, esperando que Dios mismo moviera las circunstancias externas para hacerme cumplir su adorable Voluntad, como de hecho sucedió. Los Superiores del templo me llamaron y me dijeron que era su voluntad, y también la costumbre de aquellos tiempos, el que Yo debía prepararme al casamiento; Yo acepté. Milagrosamente la selección entre tantos cayó sobre  san José, y así se formó el esponsalicio y salí del templo. Por eso te ruego hija de mi corazón, que en todas las cosas, lo que más te importe sea sólo la Divina Voluntad, si quieres que los designios divinos se cumplan sobre ti.

14° día La Reina del Cielo en el reino de la Divina Voluntad.

 Su vida en el templo forma el nuevo día para hacer despuntar el refulgente Sol del Verbo Divino sobre la tierra. Se hace modelo de las almas consagradas al Señor.

Lección de la Reina del Cielo Hija mía queridísima, cómo es dulce tu susurro en mi oído al oírte decir que quieres ser encerrada por Mí en el templo vivo de la Divina Voluntad, y que no quieres otra compañía sino la de tu Jesús y la mía. ¡Ah! hija querida, tú haces surgir en mi materno corazón las alegrías de verdadera Madre, y si esto me haces hacer, Yo estoy segura que mi hija será feliz, mis alegrías serán las suyas, y tener una hija feliz es la más grande felicidad y gloria de un corazón materno. Ahora escúchame hija mía, Yo llegué al templo sólo para vivir de Voluntad Divina, mis santos padres me confiaron a los superiores del templo, consagrándome al Señor, y mientras esto hicieron Yo estaba vestida de fiesta, cantaron himnos y profecías respecto al futuro Mesías, ¡oh! cómo se alegraba mi corazón, después, con valor di el adiós a mis queridos y santos padres, besé su mano derecha, les agradecí por los cuidados que tuvieron de mi infancia, y porque con tanto amor y sacrificio me habían consagrado al Señor. Mi presencia pacífica, sin llorar y valerosa les infundió tal ánimo, que tuvieron la fuerza de dejarme y apartarse de Mí. La Voluntad Divina imperaba sobre Mí, y extendía su reino en todos aquellos actos míos. ¡Oh! potencia del Fiat, sólo Tú podías darme el heroísmo, que si bien tan pequeña, tuve la fuerza de separarme de quienes tanto me amaban y que Yo veía que se sentían destrozar el corazón al separarse de Mí. 43 Ahora hija mía escúchame, Yo me encerré en el templo, y lo quiso el Señor para hacerme extender en mis actos que debía hacer en él, el reino de la Divina Voluntad, para hacerme preparar el terreno con mis actos humanos, y el cielo de la Divina Voluntad que debía formarse sobre este terreno, a todas las almas consagradas al Señor. Yo era atentísima a todos los deberes que se acostumbraban hacer en aquel lugar santo, Yo era pacífica con todos, jamás di amarguras ni molestias a ninguno, me sometía a los servicios más humildes, no le encontraba dificultad a nada, ni a barrer, ni a cocinar, cualquier sacrificio era para Mí un honor, un triunfo, ¿pero quieres saber por qué? Yo no veía nada, todo para Mí era Voluntad de Dios, así que la campanita que me llamaba era el Fiat, Yo oía el sonido misterioso del Querer Divino que me llamaba en el sonido de la campanita, y mi corazón se alegraba y corría para ir donde el Fiat me llamaba. Mi regla era la Divina Voluntad, a mis superiores los veía como comandantes de un Querer tan santo, por eso para Mí la campanita, la regla, los superiores, mis acciones, incluso las más humildes, eran alegrías y fiestas que me preparaba el Fiat Divino, que extendiéndose también fuera de Mí me llamaba a extender su Voluntad para formar su reino en los más pequeños de mis actos, y Yo hacía como el mar, que esconde todo lo que posee y no deja ver otra cosa que agua, así hacía Yo, escondía todo en el mar inmenso del Fiat Divino, y no veía otra cosa que mar de Voluntad Divina, y por eso todas las cosas me llevaban alegrías y fiestas. ¡Ah! hija mía, en mis actos corrías tú y todas las almas, Yo no sabía hacer nada sin mi hija, era propiamente para mis hijos que preparaba el reino de la Divina Voluntad. ¡Oh! si todas las almas consagradas al Señor en los lugares santos hicieran desaparecer todo en la Divina Voluntad, cómo serían felices y convertirían las comunidades en tantas familias celestiales y poblaría la tierra de muchas almas santas. Pero, ¡ay de Mí! debo decirlo con dolor de Madre, ¿cuántas amarguras, trastornos, discordias no hay? Mientras la santidad no está en el oficio que les toca, sino en el cumplir la Voluntad Divina en cualquier oficio asignado a ellas, porque es la pacificadora de las almas, fuerza y sostén en los sacrificios más duros. Ahora préstame atención y escucha a tu Mamá que quiere dividir contigo su fortuna. Yo continuaba mi vida en el templo, pero el Cielo no estaba cerrado para Mí, Yo podía ir cuantas veces quería, tenía el paso libre para subir y descender; en el Cielo tenía mi Familia Divina con la cual Yo ansiaba ardientemente y suspiraba el entretenerme con Ellos, la Divinidad misma me esperaba con tanto amor para conversar conmigo, para felicitarse y hacerme más feliz, más bella, más querida a los ojos de Ellos, por otra parte no me habían creado para tenerme lejana, no, no, querían gozarme como hija, 44 querían escucharme, y como mis palabras animadas por el Fiat tenían la potencia de poner paz entre Dios y las criaturas, amaban el ser vencidos por su pequeña hija y oírse repetir: “Descienda, descienda el Verbo sobre la tierra.” Puedo decir que la misma Divinidad me llamaba, y Yo corría, volaba en medio a Ellos; mi presencia, porque no había hecho jamás la voluntad humana, los correspondía del amor y de la gloria de la gran obra de toda la Creación, y por eso me confiaban el secreto de la historia del género humano, y Yo rogaba y volvía a rogar que se diera la paz entre Dios y el hombre. Ahora hija mía, tú debes saber que sólo la voluntad humana cierra el Cielo, por eso no le era dado penetrar en aquellas regiones celestiales, ni de tener trato familiar con su Creador, por el contrario, la voluntad humana lo había arrojado lejos de Aquél que lo había creado. En cuanto el hombre se sustrajo de la Voluntad Divina se volvió miedoso, tímido, perdió el dominio de sí mismo y de toda la Creación, todos los elementos, porque dominados por el Fiat, permanecían superiores a él y le podían hacer mal. El hombre tenía miedo de todo, ¿y te parece poco hija mía que aquél que había sido creado rey, dominador de todo, llegara a tener miedo de Aquél que lo había creado? Extraño hija mía, y diría casi contra natura, el que un hijo tenga miedo de su padre, mientras que es natural que conforme se genera, se genera al mismo tiempo amor y confianza entre padre e hijo, y esto se puede llamar la primera herencia que toca al hijo, y el primer derecho que toca al padre. Así que Adán con hacer su voluntad perdió la herencia de su Padre, perdió su reino y se volvió el hazmerreír de todas las cosas creadas. Hija mía, escucha a tu Madre y pondera bien el gran mal de la voluntad humana, ella quita los ojos del alma y la hace volverse ciega, de modo que todo es tinieblas y miedo para la pobre criatura. Por eso pon la mano sobre tu corazón y jura a tu Mamá que quisieras morir antes que hacer tu voluntad. Yo, por no hacer jamás mi voluntad no tenía ningún miedo con mi Creador, ¿y cómo podía tener miedo si me amaba tanto? Y el reino se extendía tanto en Mí, que con mis actos iba formando el pleno día para hacer surgir el nuevo Sol del Verbo Eterno sobre la tierra, y Yo conforme veía que se iba formando el día, así aumentaba mis súplicas para obtener el suspirado día de la paz entre el Cielo y la tierra. Ahora, mañana te espero para narrarte otra sorpresa de mi vida acá abajo.

13° día La Reina del Cielo en el reino de la Divina Voluntad.

 Parte al templo y da ejemplo de total triunfo en el sacrificio.


Lección de la Reina triunfante


 Hija mía, ánimo, no temas, tu Mamá es toda para ti, y hoy te esperaba para que mi heroísmo y mi triunfo en el sacrificio, te infunda fortaleza y ánimo, y así pueda ver a mi hija triunfante en sus penas y con el heroísmo de soportarlas con amor y para cumplir la Divina Voluntad. Ahora hija mía escúchame, Yo tenía apenas tres años, y mis padres me hicieron saber que querían consagrarme al Señor en el templo. Mi corazón se alegró al conocer esto, el consagrarme y pasar mis años en la casa de Dios, pero bajo mi alegría había un dolor, una privación de los más queridos que se pueden tener en la tierra, como eran mis queridos padres; era pequeña, tenía necesidad de sus cuidados maternales, me privaba de la presencia de dos grandes santos, y además veía que conforme se acercaba el día de privarse de Mí, que hacía su vida plena de alegría y de felicidad, sentían tal amargura de sentirse morir, pero aunque sufrían estaban dispuestos a hacer el acto heroico de conducirme al Señor. Mis padres me amaban en orden a Dios y me tenían como un gran don dado a ellos por el Señor, y esto les dio la fuerza de cumplir el doloroso sacrificio. Por eso hija mía, si quieres tener fuerza invencible para sufrir las penas más duras, haz que todas las cosas tuyas sean en orden a Dios y tenlas como dones preciosos que te ha dado el Señor. 39 Ahora, tú debes saber que Yo con ánimo preparaba mi ida al templo, porque en cuanto entregué mi voluntad al Ser Divino y el Fiat Supremo tomó posesión de todo mi ser, Yo adquirí todas las virtudes en naturaleza, Yo era dominadora de Mí misma, todas las virtudes estaban en Mí como tantas nobles princesas, y de acuerdo a las circunstancias de mi vida prontamente se ofrecían para hacer su oficio sin ninguna resistencia. En vano me habrían llamado Reina si no hubiera tenido virtud de ser Reina sobre Mí misma, por eso Yo tenía en mi dominio la caridad perfecta, la paciencia invencible, la dulzura raptora, la humildad profunda y todo el ajuar de las otras virtudes. La Divina Voluntad volvió afortunada la pequeña tierra de mi humanidad, siempre florida y sin las espinas de los vicios. Ve entonces querida hija qué significa vivir de Voluntad Divina, su luz, su santidad y potencia convierten en naturaleza todas las virtudes, no se abaja a reinar en un alma donde hay una naturaleza rebelde, no, no, Ella es santidad, y donde debe reinar quiere la naturaleza ordenada y santa. Por eso el sacrificio de ir al templo eran conquistas que Yo hacía, y sobre el sacrificio venía formado en Mí el triunfo de una Voluntad Divina, y estos triunfos llevaban a Mí nuevos mares de gracia, de santidad y de luz, hasta sentirme feliz en mis penas, para poder conquistar nuevos triunfos. Ahora hija mía, pon la mano sobre el corazón y dile a tu Mamá: ¿Sientes tu naturaleza cambiada en virtud? O bien ¿sientes las espinas de la impaciencia, las hierbas nocivas de la agitación, los malvados humores de los afectos no santos? Escucha, permite que actúe tu Mamá, dame tu voluntad en mis manos, decidida a no quererla más y Yo te haré poseer por la Voluntad Divina, la cual todo desterrará de ti, y lo que no has hecho en tantos años lo harás en un día, el cual será el principio de la verdadera vida, de la felicidad y de la verdadera santidad. Ahora pon atención y escúchame, Yo dejé la casa de Nazaret acompañada por mis santos padres, al dejarla di una última mirada a aquella casita donde había nacido, para agradecer a mi Creador por haberme dado un lugar donde nacer y para dejarla en la Divina Voluntad, a fin de que mi infancia y tantos queridos recuerdos, porque Yo estando llena de razón todo comprendía, fueran todos custodiados por la Divina Voluntad y depositados en Ella como prenda de mi amor hacia Aquél que me había creado. Hija mía, el agradecer al Señor y poner nuestros actos en sus manos como prenda de nuestro amor, son nuevos canales de gracias y comunicaciones que se abren entre Dios y el alma, y el homenaje más bello que se puede rendir a quien tanto nos ama. Por 40 eso aprende de Mí a agradecer al Señor de todo lo que dispone de ti, y en todo lo que estás por hacer sea tu palabra: “Gracias, ¡oh! Señor y pongo todo en tus manos.” Ahora, mientras todo dejé en el Fiat Divino, como reinaba en Mí y jamás me dejó ni un instante de mi vida, Yo los llevaba como en triunfo en mi pequeña alma, y ¡oh! los prodigios del Divino Querer, con su virtud conservante mantenía el orden de todos mis actos, pequeños y grandes y como en acto dentro de Mí, como triunfo suyo y mío, así que jamás perdí la memoria de uno solo de mis actos, y esto me daba tanta gloria y honor que me sentía Reina, porque cada acto mío hecho en la Divina Voluntad era más que sol, y Yo estaba adornada de luz, de felicidad, de alegría, Ella me llevaba su paraíso. Hija mía, el vivir de Voluntad Divina debería ser el deseo, el suspiro, y casi la pasión de todos, tanta es la belleza que se conquista y el bien que se siente. Todo lo contrario la voluntad humana, ella tiene la virtud de amargar a la pobre criatura, la oprime, forma la noche, camina a tientas, va siempre tropezando en el bien y muchas veces pierde la memoria del poco bien que ha hecho. Ahora hija mía, Yo partí de la casa paterna con ánimo y desapego, porque Yo miré sólo el Querer Divino, en el cual tenía fijo mi corazón, y esto me bastó para todo, pero mientras caminaba para ir al templo, vi toda la Creación, y ¡oh! maravilla, sentí el latido de la Divina Voluntad en el sol, en el viento, en las estrellas, en el cielo, bajo mis pasos la sentí palpitante y el Fiat Divino que reinaba en Mí ordenó a toda la Creación, que como velo lo escondía, que todos se inclinaran y me hicieran honor de Reina, y todos se inclinaron dándome signos de sujeción, hasta la pequeña florecita del campo no se privó de darme su pequeño homenaje, Yo ponía todo en fiesta, y cuando por necesidad salía de la habitación, la Creación se ponía en acto de darme muestras de honor, y Yo era obligada a ordenar que estuviera en su puesto y que observara el orden de nuestro Creador. Ahora escucha a tu Mamá, dime, ¿en tu corazón sientes la alegría, la paz, el desapego de todo y de todos, y el coraje que todo puedes hacer para cumplir la Divina Voluntad, de modo de sentir en ti fiesta continua? Hija mía, la paz, el desapego, el coraje, forman el vacío en el alma donde puede tomar lugar la Divina Voluntad, y Ella siendo intangible de cualquier pena, lleva la fiesta perenne a la criatura. Por eso, ánimo hija mía, dime que quieres vivir de Voluntad Divina y tu Mamá pensará en todo. Ahora, mañana te espero para decirte el modo como me comporté en el templo.

12° día La Reina del Cielo en el reino de la Divina Voluntad.

 Sale de la cuna, da sus primeros pasos, y con sus actos infantiles llama a Dios a descender sobre la tierra, y llama a las criaturas a vivir en la Divina Voluntad.


Lección de la pequeña Reina del Cielo 


Mi hija querida, mi único deseo es el tener a mi lado a mi hija, sin ti me siento sola y no tengo a quién confiar mis secretos. Por eso son mis premuras maternas que buscan a mi lado a mi hija que tengo en el corazón, para darte mis lecciones y así hacerte comprender cómo se vive en el reino de la Divina Voluntad. Pero en Ella no entra el querer humano, éste queda aplastado y en acto de sufrir continuas muertes ante la luz, santidad y potencia de la Divina Voluntad. Pero ¿crees tú que el querer humano queda afligido porque el Divino Querer lo tiene en acto de morir continuamente? ¡Ah! no, no, más bien se siente feliz de que sobre su voluntad agonizante renazca y surja la Voluntad Divina victoriosa y triunfante sobre la suya, porque le lleva alegría y felicidad sin termino. Basta comprender hija querida qué significa hacerse dominar por Ella, y probarlo para hacer que la criatura aborrezca tanto su voluntad, que se dejaría hacer pedazos antes que salir de la Divina Voluntad. Ahora escúchame, Yo partí del Cielo sólo para hacer la Voluntad del Eterno, y si bien Yo tenía mi cielo en mí, el cual era la Voluntad Divina, y era inseparable de mi Creador, también me agradaba estar en la patria celestial, mucho más que estando la Divina Voluntad en Mí, Yo sentía los derechos de hija de estar con Él y de hacerme arrullar como pequeñita entre sus brazos paternos y de participar a todos las alegrías y felicidad, riquezas, santidad que 36 poseía, cuanto más que podía tomar y llenarme tanto, hasta no poder contener más, y el Ser Supremo gozaba al ver que Yo sin temor, más bien con sumo amor me llenaba de sus bienes, Yo no me maravillaba de que me hacía tomar lo que Yo quería, era su hija, una era la Voluntad que nos animaba, lo que querían Ellos quería Yo. Así que sentía que las propiedades de mi Padre celestial eran mías, la única diferencia, que Yo era pequeña y no podía abrazar ni tomar todos sus bienes, por cuantos tomaba, quedaban tantos que no tenía capacidad donde ponerlos, porque siempre era criatura, en cambio la Divinidad era grande, inmensa, y en un solo acto abrazaba todo. Por eso, a pesar de esto, en cuanto me hacían entender que debía privarme de sus alegrías celestiales y de los castos abrazos que nos dábamos, Yo partía del Cielo sin demora y regresaba en medio de mis queridos padres, ellos me amaban mucho, Yo era toda amable, hermosa, alegre, pacífica y llena de gracia infantil, tanto, de raptarme el afecto de ellos, eran todo atención sobre de Mí, era su joya, cuando me tomaban en sus brazos sentían cosas insólitas, y una Vida Divina palpitante en Mí. Ahora hija de mi corazón, tú debes saber que en cuanto comenzó mi vida acá abajo, la Divina Voluntad extendía se reino en todos mis actos, así que mis oraciones, mis palabras, mis pasos, el alimento, el sueño que tomaba, los pequeños servicios con los cuales ayudaba a mi madre, eran animados por la Divina Voluntad, y como te he llevado siempre en mi corazón te llamaba como hija mía; en todos mis actos llamaba a tus actos junto con los míos, a fin de que también en tus actos, aun indiferentes, se extendiera el reino del Querer Divino. Escucha cuánto te amaba: si oraba llamaba tu plegaria en la mía, a fin de que la tuya y la mía fueran valoradas con un solo valor y poder, cual era el valor y el poder de una Voluntad Divina, si hablaba llamaba tu palabra, si caminaba llamaba tus pasos, y si hacía las pequeñas acciones humanas indispensables a la naturaleza humana, como eran el tomar agua, barrer, ayudar a llevar leña a mi madre para encender fuego, y tantas otras cosas similares, Yo llamaba a estos mismos actos tuyos a fin de que fueran valorados por una Voluntad Divina, y en los míos, y en tus actos, se extendiese su reino, y mientras te llamaba en cada acto mío, llamaba al Verbo Divino a descender sobre la tierra. ¡Oh! cuánto te he amado hija mía, quería tus actos en los míos para hacerte feliz y hacerte reinar junto conmigo. Y ¡oh! cuántas veces yo te llamaba, y llamaba a tus actos, pero con sumo dolor mío los míos quedaban aislados y los tuyos los veía como extraviados en tu voluntad humana, que es horrible el decirlo, formaban el reino no divino, sino humano, el reino de las pasiones y el reino del pecado, de las infelicidades y desventuras. Tu Mamá lloraba sobre tu desventura, y en cada acto de 37 voluntad humana que tú haces, pues conocía a que reino infeliz te llevan; mis lágrimas se derraman todavía para hacerte comprender el gran mal que haces, por eso escucha a tu Mamá, si tú hicieras la Divina Voluntad, por derecho te serán dadas la alegría, la felicidad, todo será en común con tu Creador, las debilidades, las miserias huirán de ti, y además serás la más querida de mis hijas, te tendré en mi mismo reino para hacerte vivir siempre de Divina Voluntad.

11° día La Reina del Cielo en el reino de la Divina Voluntad.

 En sus primeros años de su vida acá abajo, forma un áncora para hacer surgir en los corazones el día suspirado de luz y de gracia.

Lección de la Reina del Cielo

 Hija mía, si tú supieras cómo mi materno corazoncito se alegra al verte junto a mi cuna para escucharme, me siento realmente Reina y Madre, porque teniéndote cercana no soy una Madre estéril ni una Reina sin pueblo, sino que tengo a mi querida hija, que me ama tanto y que quiere que haga con ella el oficio de Mamá y de Reina. Por eso tú eres la portadora de alegría a tu Mamá, mucho más que vienes a mi regazo para que te enseñe a vivir en el reino de la Divina Voluntad; tener una hija que quiere vivir junto conmigo en este reino tan santo, es para tu Mamá la gloria, el honor, la fiesta más grande. Por eso ponme atención hija mía querida, y Yo continuaré narrándote las maravillas de mi nacimiento. Mi cuna estaba circundada por ángeles que hacían competencia para cantarme cánticos de cuna, como a su Soberana Reina, y como estaba dotada de razón y de ciencia infundida en Mí por mi Creador, hice mi primer deber de adorar, con mi inteligencia y también con mi vocecita de niña balbuceante a la Santísima Trinidad adorable, y fue tanto el ímpetu de mi amor hacia una Majestad tan santa, que sintiéndome languidecer deliraba porque quería encontrarme entre los brazos de la Divinidad para recibir sus abrazos y darle los míos. Entonces los ángeles, para los cuales mis deseos eran ordenes, me tomaron y llevándome sobre sus alas me condujeron a los brazos amorosos de mi Padre celestial. ¡Oh! con cuánto 33 amor me esperaba, Yo iba del exilio, y los pequeños momentos de separación entre Él y yo eran causa de nuevos incendios de amor, eran dones que me preparaba para darme, y Yo encontraba nuevos recursos para pedir piedad, misericordia para mis hijos que viviendo en el exilio estaban bajo los azotes de la divina justicia, y llevada por el amor les decía: “Trinidad adorable, Yo me siento feliz, me siento Reina, no conozco que cosa sea infelicidad y esclavitud, sino sólo vuestro Querer que reina en Mí, son tales y tantas las alegrías, la felicidad, que pequeña como soy no puedo abrazarlas todas, pero en tanta felicidad, una vena de amargura intensa hay dentro de mi pequeño corazón, siento en ella a mis hijos infelices, esclavos de su voluntad rebelde. Piedad Padre santo, piedad, ¡ah! haz completa mi felicidad, estos hijos infelices que llevo más que Madre en mi materno corazón, vuélvelos felices, haz descender al Verbo Eterno sobre la tierra y todo será acordado, Yo no descenderé de tus rodillas paternas si no me das el reescrito de gracia, de modo que pueda llevar a mis hijos la alegre nueva de su Redención.” La Divinidad quedaba conmovida por mis plegarias y colmándome de nuevos dones me decía: “Regresa al exilio y continúa tus plegarias, extiende el reino de nuestra Voluntad en todos tus actos, que a su tiempo te contentaremos.” Pero no me decían ni cuando, ni dónde habría de descender. Por eso Yo partía del Cielo sólo para cumplir la Divina Voluntad, esto para Mí era el sacrificio más heroico, pero lo hacía de buena gana para hacer que Ella sola tuviese el pleno dominio sobre Mí. Ahora escucha hija mía cuánto me costó tu alma, hasta amargarme el inmenso océano de mis alegrías y felicidad; cada vez que tú haces tu voluntad te vuelves esclava y sientes tu infelicidad, y Yo como tu Mamá siento en mi corazón la infelicidad de mi hija, ¡oh! cómo es doloroso tener hijos infelices, por eso lo que más te debe importar es el hacer la Divina Voluntad, como Yo, que llegaba hasta alejarme del Cielo para que mi voluntad no tuviese vida en Mí. Ahora hija mía continúa escuchándome, el primer deber en todos tus actos sea adorar a tu Creador, conocerlo y amarlo, esto te pone en el orden de la Creación, y ven a reconocer a Aquél que te ha creado; éste es el deber más santo de cada criatura, reconocer su origen. Ahora tú debes saber que éste mi subir y descender al Cielo, este rogar, formaba la aurora en torno a Mí, que expandiéndose en todo el mundo circundaba los corazones de mis hijos, para hacer que al alba surgiera la aurora, para hacer despuntar el esperado día sereno de la venida del Verbo Divino a la tierra.

10° día La Reina del Cielo en el reino de la Divina Voluntad.


 Alba que surge para poner en fuga la noche del querer humano. Su nacimiento glorioso.

Lección de la recién nacida Reina Hija de mi corazón, mi nacimiento fue prodigioso, ningún otro nacimiento puede decirse igual al mío, Yo encerraba en Mí el Cielo, el Sol de la Divina Voluntad, y también la tierra de mi humanidad, pero tierra bendita y santa que contenía las más bellas flores, y si bien recién nacida apenas, Yo contenía el prodigio de los más grandes prodigios: El Querer Divino reinante en Mí, el cual encerraba en Mí un Cielo más bello, un Sol más refulgente que el de la Creación, del cual era también Reina, contenía también un mar de gracias sin confines que murmuraba siempre amor, amor hacia mi Creador. Por eso mi nacimiento fue el verdadero amanecer que pone en fuga la noche del humano querer, y conforme iba creciendo, así formaba la aurora y llamaba el día esplendidísimo para hacer surgir el Sol del Verbo Eterno sobre la tierra. Hija mía, ven a mi cuna a escuchar a tu pequeña Mamita. En cuanto nací, abrí los ojos para ver este bajo mundo, para ir en busca de todos mis hijos para encerrarlos en mi corazón, darles mi materno amor y regenerándolos a la nueva vida de amor y de gracia, darles el paso para hacerlos entrar en el reino 31 del Fiat Divino, del cual era poseedora. Quise hacerla de Reina y de Madre encerrando a todos en mi corazón para poner a todos al seguro y darles el gran don del reino divino. En mi corazón tenía lugar para todos, porque para quien posee la Divina Voluntad no hay estrecheces, sino amplitudes infinitas, por eso te vi también a ti, hija mía, ninguno se me escapó; aquel día todos festejaron mi nacimiento y también para Mí fue fiesta, más sin embargo al abrir mis ojos a la luz tuve el dolor de ver a las criaturas en la densa noche del querer humano. ¡Oh! en que abismo de tinieblas se encuentra envuelta la criatura que se hace dominar por su voluntad, esa es la verdadera noche, pero noche sin estrellas, a lo más algunos rayos fugaces, que fácilmente son seguidos por truenos, que rumoreando acumulan más densas tinieblas y descargan la tempestad sobre la pobre criatura, tempestad de miedo, de debilidades, de peligros, de caídas en el mal. Mi pequeño corazón quedó traspasado al ver a mis hijos bajo esta horrible tempestad en que la noche del humano querer los había arrollado. Ahora escucha a tu Mamá, estoy en la cuna todavía, soy pequeña, ve mis lágrimas que derramo por ti, cada vez que haces tu voluntad es una noche que formas para ti, y si tú supieras cuánto mal te hace esta noche, llorarías conmigo, te hace perder la luz del día del Querer Santo, te voltea de cabeza, te paraliza en el bien, te rompe el verdadero amor y quedas como una pobre enferma a la que le faltan las cosas necesarias para curarse. ¡Ah! hija mía, hija querida, escúchame, no hagas más tu voluntad, dame tu palabra que contentarás a tu pequeña Mamita.

9° día La Reina del Cielo en el reino de la Divina Voluntad.

 9° día La Reina del Cielo en el reino de la Divina Voluntad.

 Es constituida por Dios celestial Pacificadora, vínculo de paz entre el Creador y la criatura.

Lección de la Reina del Cielo Hija de mi materno corazón, no temas, no te olvidaré jamás, por el contrario, si tú haces siempre la Divina Voluntad y vives en su reino, seremos inseparables, te llevaré siempre estrechada en mi mano para guiarte y hacerte de guía, para enseñarte a vivir en el Fiat Supremo, por eso aleja el temor, en Él todo es paz y seguridad; la voluntad humana es la turbadora de las almas y pone en peligro las obras más bellas, las cosas más santas, todo está en peligro en ellas, en peligro la santidad, las virtudes, la misma salvación del alma, la característica de quien vive del querer humano es la volubilidad. ¿Quién puede confiar en quien se hace dominar por la voluntad humana? Ninguno, ni Dios, ni los hombres, pues son semejantes a aquellas cañas secas que se doblan a cada soplo de viento, por eso hija mía queridísima, si algún soplo de viento te quiere hacer inconstante, arrójate en el mar de la Divina Voluntad y ven a esconderte en el regazo de tu Mamá, a fin de que te defienda del viento del querer humano y estrechándote entre mis brazos te vuelva firme y segura en el camino de su reino divino. 28 Ahora hija mía, sígueme ante la Majestad Suprema y escúchame, Yo con mis rápidos vuelos llegaba a sus brazos divinos, y en cuanto llegaba sentía su amor desbordante, que como olas impetuosas me cubrían de su amor, ¡oh, cómo es bello ser amado por Dios! En este amor se siente felicidad, santidad, alegrías infinitas, y se siente de tal manera embellecida, que Dios mismo se siente raptado por la belleza que infunde en la criatura al amarla; Yo quería imitarlos y si bien pequeña, no quería quedar atrás de su amor, por eso, con las olas de amor que me habían dado formaba mis olas para cubrir a mi Creador con mi amor, al hacer esto sonreía, porque sabía que mi amor jamás podría cubrir la inmensidad de su amor, pero con todo esto Yo hacía la prueba, y en mis labios despuntaba mi sonrisa inocente, el Ser Supremo sonreía ante mi sonrisa y con mi pequeñez festejaba y se entretenía. Ahora, en lo más bello de nuestras estratagemas amorosas, Yo recordaba el estado doloroso de mi familia humana sobre la tierra, a la cual Yo pertenecía, y como me dolía rogaba que descendiera el Verbo Eterno a poner remedio, y lo decía con tal ternura que llegaba a cambiar la sonrisa y la fiesta en llanto, el Altísimo se conmovía mucho con mis lágrimas, mucho más que eran lágrimas de una pequeña, y estrechándome al seno divino me enjugaba las lágrimas y me decían: “Hija, no llores, ánimo, en tus manos hemos puesto la suerte del género humano, te hemos dado el mandato, y ahora para consolarte más, te hacemos pacificadora entre Nosotros y la familia humana, por eso a ti es dado el repacificarnos; la potencia de nuestro Querer que reina en ti se impone sobre Nosotros para dar el beso de paz a la pobre humanidad caída y en peligro” ¿Quién puede decirte hija mía lo que sentía mi corazón ante esta condescendencia divina? Era tanto mi amor que me sentía desfallecer, y delirando sufría buscando otro amor para alivio de mi amor. Ahora una palabra a ti hija mía, si tú me escuchas y pones a un lado tu querer, dando el puesto real al Fiat Divino, también tú serás amada con amor singular de tu Creador, serás su sonrisa, lo pondrás en fiesta y serás vínculo de paz entre el mundo y Dios.

8° día La Reina del Cielo en el reino de la Divina Voluntad.

 8° día La Reina del Cielo en el reino de la Divina Voluntad.

 Recibe el mandato de su Creador de poner a salvo la suerte del género humano.

Lección de la celestial Mandataria 

Hija mía queridísima, debes saber que yo te amo mucho, confíate a tu Mamá y está segura que alcanzarás la victoria sobre tu voluntad; si tú me eres fiel, Yo tomaré todo el empeño sobre ti, te haré de verdadera Mamá, por eso escLección de la celestial Mandataria

Hija mía queridísima, debes saber que yo te amo mucho, confíate a tu

Mamá y está segura que alcanzarás la victoria sobre tu voluntad; si tú me

eres fiel, Yo tomaré todo el empeño sobre ti, te haré de verdadera Mamá,

por eso escucha lo que hice por ti ante el Altísimo: Yo no hacía otra cosa

que estarme sobre las rodillas de mi Padre celestial, Yo era pequeña, no

había nacido aún, pero el Querer Divino del cual Yo poseía la Vida, me

facilitaba mis visitas a mi Creador, para Mí, las puertas, los caminos

estaban abiertos, Yo no tenía miedo ni temor de Ellos, sólo la voluntad

humana pone miedo, temor, desconfianza, y aleja a la pobre criatura de

Aquél que tanto la ama y que quiere estar rodeado por sus hijos. Así que si

la criatura tiene miedo y teme y no sabe estar como hija ante su padre con

su Creador, es señal de que la Divina Voluntad no reina en ella, y por eso

son las torturadas, las mártires de la voluntad humana, por eso no hagas

jamás tu voluntad, no quieras torturarte y martirizarte por ti misma, que

es el más horrible de los martirios, sin sostén y sin fuerza. Por lo tanto

escúchame, Yo me ponía en los brazos de la Divinidad, mucho más que me

esperaban y hacían fiesta al verme; me amaban tanto, que al presentarme

vertían otros mares de amor y de santidad en mi alma, no recuerdo haberme separado de Ellos sin que me agregaran otros dones sorprendentes.


Entonces, mientras estaba en sus brazos Yo rogaba por el género humano, y muchas veces con lágrimas y suspiros lloraba por ti hija mía y por todos, lloraba por tu voluntad rebelde, por tu triste suerte de verte

puesta en la esclavitud de ella, que te hacía infeliz; ver infeliz a mi hija me hacía derramar lágrimas amargas, hasta bañar las manos de mi celestial

Padre con mi llanto, y la Divinidad enternecida con mi llanto continuó a decirme: “Hija nuestra querida, tu amor nos ata, tus lágrimas extinguen el fuego de la divina justicia, tus oraciones nos atraen tanto hacia las

criaturas que no te sabemos resistir, por eso te damos a ti el mandato de poner a salvo la suerte del género humano. Tú serás nuestra Mandataria en medio a ellos, a ti confiamos sus almas, Tú defenderás nuestros derechos lesionados por sus culpas, estarás en medio, entre ellos y Nosotros, para ajustar las partidas entre ambas partes. Sentimos en ti la fuerza invencible de nuestra Voluntad Divina que por medio tuyo ruega, llora, ¿quién te puede resistir? Tus plegarias son órdenes, tus lágrimas imperan sobre nuestro Ser Divino, por eso, adelante en tu empresa.”

Ahora hija mía queridísima, mi pequeño corazón se sentía consumir de amor ante los modos amorosos del hablar divino, y con todo amor acepté su mandato al decirles: “Majestad Altísima, estoy aquí entre vuestros

brazos, dispongan de Mí como queráis, Yo pondré incluso la vida, y si tuviera tantas vidas por cuantas criaturas hay, Yo las pondría a disposición de ellas y vuestra, para llevarlas a todas salvas a vuestros brazos paternos.

Y sin saber entonces que Yo debía ser la Madre del Verbo Divino, Yo sentía en Mí la doble maternidad, maternidad hacia Dios, para defender sus justos derechos; maternidad hacia las criaturas, para ponerlas a salvo. Me sentía madre de todos, el Querer Divino que reinaba en Mí, que no sabe hacer obras aisladas, ponía en Mí a Dios y a todas las criaturas de todos los siglos, en mi materno corazón sentía a mi Dios ofendido que quería ser satisfecho, y sentía a las criaturas bajo el imperio de la justicia divina. ¡Oh!

cuántas lágrimas derramé, quería hacer descender mis lágrimas en cada corazón para hacer sentir a todos mi maternidad toda de amor. Lloré por ti y por todos hija mía, por eso escúchame, ten piedad de mi llanto, toma mis lágrimas para apagar tus pasiones y para hacer que tu voluntad pierda la vida. ¡Ah! acepta mi mandato, es decir, que tú hagas siempre la Voluntad de tu Creador.ucha lo que hice por ti ante el Altísimo: Yo no hacía otra cosa que estarme sobre las rodillas de mi Padre celestial, Yo era pequeña, no había nacido aún, pero el Querer Divino del cual Yo poseía la Vida, me facilitaba mis visitas a mi Creador, para Mí, las puertas, los caminos estaban abiertos, Yo no tenía miedo ni temor de Ellos, sólo la voluntad humana pone miedo, temor, desconfianza, y aleja a la pobre criatura de Aquél que tanto la ama y que quiere estar rodeado por sus hijos. Así que si la criatura tiene miedo y teme y no sabe estar como hija ante su padre con su Creador, es señal de que la Divina Voluntad no reina en ella, y por eso son las torturadas, las mártires de la voluntad humana, por eso no hagas jamás tu voluntad, no quieras torturarte y martirizarte por ti misma, que es el más horrible de los martirios, sin sostén y sin fuerza. Por lo tanto escúchame, Yo me ponía en los brazos de la Divinidad, mucho más que me esperaban y hacían fiesta al verme; me amaban tanto, que al presentarme vertían otros mares de amor y de santidad en mi alma, no recuerdo haberme separado de Ellos sin que me agregaran otros dones sorprendentes. 25 Entonces, mientras estaba en sus brazos Yo rogaba por el género humano, y muchas veces con lágrimas y suspiros lloraba por ti hija mía y por todos, lloraba por tu voluntad rebelde, por tu triste suerte de verte puesta en la esclavitud de ella, que te hacía infeliz; ver infeliz a mi hija me hacía derramar lágrimas amargas, hasta bañar las manos de mi celestial Padre con mi llanto, y la Divinidad enternecida con mi llanto continuó a decirme: “Hija nuestra querida, tu amor nos ata, tus lágrimas extinguen el fuego de la divina justicia, tus oraciones nos atraen tanto hacia las criaturas que no te sabemos resistir, por eso te damos a ti el mandato de poner a salvo la suerte del género humano. Tú serás nuestra Mandataria en medio a ellos, a ti confiamos sus almas, Tú defenderás nuestros derechos lesionados por sus culpas, estarás en medio, entre ellos y Nosotros, para ajustar las partidas entre ambas partes. Sentimos en ti la fuerza invencible de nuestra Voluntad Divina que por medio tuyo ruega, llora, ¿quién te puede resistir? Tus plegarias son órdenes, tus lágrimas imperan sobre nuestro Ser Divino, por eso, adelante en tu empresa.” Ahora hija mía queridísima, mi pequeño corazón se sentía consumir de amor ante los modos amorosos del hablar divino, y con todo amor acepté su mandato al decirles: “Majestad Altísima, estoy aquí entre vuestros brazos, dispongan de Mí como queráis, Yo pondré incluso la vida, y si tuviera tantas vidas por cuantas criaturas hay, Yo las pondría a disposición de ellas y vuestra, para llevarlas a todas salvas a vuestros brazos paternos. Y sin saber entonces que Yo debía ser la Madre del Verbo Divino, Yo sentía en Mí la doble maternidad, maternidad hacia Dios, para defender sus justos derechos; maternidad hacia las criaturas, para ponerlas a salvo. Me sentía madre de todos, el Querer Divino que reinaba en Mí, que no sabe hacer obras aisladas, ponía en Mí a Dios y a todas las criaturas de todos los siglos, en mi materno corazón sentía a mi Dios ofendido que quería ser satisfecho, y sentía a las criaturas bajo el imperio de la justicia divina. ¡Oh! cuántas lágrimas derramé, quería hacer descender mis lágrimas en cada corazón para hacer sentir a todos mi maternidad toda de amor. Lloré por ti y por todos hija mía, por eso escúchame, ten piedad de mi llanto, toma mis lágrimas para apagar tus pasiones y para hacer que tu voluntad pierda la vida. ¡Ah! acepta mi mandato, es decir, que tú hagas siempre la Voluntad de tu Creador.

7° día La Reina del Cielo en el reino de la Divina Voluntad.

 7° día La Reina del Cielo en el reino de la Divina Voluntad. 

Toma el cetro de mando y la Trinidad Sacrosanta la constituye como su secretaria.

Lección de la Reina del Cielo Hija mía querida, ven a los brazos de tu Mamá y pon atención a escucharme, y oirás los inauditos prodigios que el Fiat Divino hizo a tu Mamá celestial. En cuanto tomé posesión del reino de la Divina Voluntad, terminaron sus pasos en Mí, mucho más que estos seis pasos simbolizaban los seis días de la Creación, y en cada día de los cuales, pronunciando un Fiat, hacía como un paso, al pasar a crear ahora una cosa y ahora otra, el sexto día hizo el último paso con decir: “Fiat, hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza.” Y el séptimo se reposó en sus obras, como queriéndose gozar todo aquello que con tanta magnificencia había creado. Y en su reposo, observando sus obras decía: “Cómo son bellas mis obras, todo es orden y armonía.” Y viendo al hombre, en el ímpetu de su amor agregaba: “Pero el más bello eres tú, tú eres la corona de todas nuestras obras.” Ahora, mi creación superó todos los prodigios de la Creación, y por eso la Divinidad quiso hacer con su Fiat seis pasos en Mí, y comenzó su Vida plena, entera y perfecta en mi alma, y ¡oh! en que alturas divinas fui puesta por el 22 Altísimo, los Cielos no podían ni alcanzarme, ni contenerme, la luz del sol era pequeña ante mi luz, ninguna cosa creada podía alcanzarme. Yo navegaba los mares divinos como si fueran míos, mi Padre celestial, el Hijo y el Espíritu Santo suspiraban tenerme en sus brazos para gozarse a su pequeña hija, y, ¡oh! el contento que experimentaban al sentir cómo los amaba, les rogaba y adoraba su alteza suprema, mi amor, mis plegarias y adoraciones salían de dentro de mi alma, del centro de la Divina Voluntad, sentían salir de Mí olas de amor divino, castos perfumes, alegrías insólitas que partían de dentro del Cielo que su mismo Querer Divino había formado en mi pequeñez, tanto, que no terminaban de repetir: “Toda bella, toda pura, toda santa es nuestra pequeña hija, sus palabras son cadenas que nos acercan, sus miradas son dardos que nos hieren, sus latidos son flechas que flechándonos nos hacen delirar de amor.” Sentían salir de Mí la potencia, la fuerza de su Divina Voluntad que nos hacía inseparables, y me llamaban: “Nuestra hija invencible que llevará victoria también a nuestro Ser Divino.” Ahora escúchame hija mía, la Divinidad llevada por un exceso de amor hacia Mí, me dijo: “Hija nuestra amada, nuestro amor no rige, se siente sofocado si no te confiamos nuestros secretos, por eso te elegimos como nuestra fiel secretaria. A ti queremos confiar nuestros dolores y nuestros decretos, a cualquier costo queremos salvar al hombre, mira como va al precipicio, su voluntad rebelde lo arrastra continuamente al mal; sin la vida, la fuerza, el sostén de nuestro Querer Divino se ha desviado del camino de su Creador y camina arrastrándose en la tierra, débil, enfermo y lleno de todos los vicios, pero no hay posibilidades de salvarlo, ni otras maneras para que salga, sino que descienda el Verbo Eterno, tomar sus despojos, sus miserias, sus pecados sobre Sí, hermanarse con él, vencerlo por camino del amor y de penas inauditas, darle tanta confianza para poder ponerlo nuevamente en nuestros brazos paternos. ¡Oh! cómo nos duele la suerte del hombre, nuestro dolor es grande, no podíamos confiarlo a ninguno, porque no teniendo una Voluntad Divina que los domine, no podían jamás comprender ni nuestro dolor, ni los graves males del hombre caído en el pecado. A ti es dado, porque posees nuestro Fiat, el poderlo comprender, y por eso como a Secretaria nuestra queremos revelarte nuestros secretos y poner en tus manos el cetro de mando a fin de que domines e imperes sobre todo, y tu dominio venza a Dios y al hombre, y nos los lleves como hijos regenerados en tu materno corazón.” 23 ¿Quién puede decirte hija mía querida que sintió mi corazón con este hablar divino? Se abrió en Mí una vena de intenso dolor y me propuse, aun a costo de mi vida vencer a Dios y a las criaturas, y unirlas. Ahora hija mía escucha a tu Mamá, te he visto sorprendida al oírme narrar la historia de la posesión en el reino de la Divina Voluntad, ahora debes saber que también a ti es dada esta suerte, si te decides a no hacer jamás tu voluntad, el Querer Divino formará su cielo en tu alma, sentirás la inseparabilidad divina, te será dado el cetro de mando sobre ti misma, sobre tus pasiones, no serás más esclava de ti misma, porque sólo la voluntad humana pone en esclavitud a la pobre criatura, les corta las alas del amor hacia Aquél que la ha creado, le quita la fuerza, el sostén y la confianza de lanzarse a los brazos de su Padre celestial, de modo que no puede conocer ni sus secretos, ni el amor grande con el que la ama, y por eso vive como extraña de la casa de su Padre Divino. Qué lejanía pone entre Creador y criatura el humano querer, por eso escúchame, conténtame, dime que no darás más vida a tu voluntad, y Yo te llenaré toda de Voluntad Divina.

SEXTA MEDITACION – El sexto paso de la Divina Voluntad en la Reina del Cielo.

 SEXTA MEDITACION – El sexto paso de la Divina Voluntad en la Reina del Cielo. 


Después del triunfo de la prueba: La posesión.

Lección de la Reina del Cielo Hija queridísima, confía en tu Mamá y pon atención a mis lecciones, ellas te servirán para hacerte aborrecer tu voluntad y hacerte desear en ti aquel Fiat santo, que tanto anhelo formar su Vida en ti. Hija mía, tú debes saber que la Divinidad después de que se aseguró de Mí en la prueba que quiso, mientras todos creen que Yo no tuve ninguna prueba y que bastaba a Dios hacer el gran portento que hizo de Mí, que fuera concebida sin mancha original, ¡oh! cómo se engañan, antes bien quiso de Mí una prueba que no ha pedido a ninguno, y esto lo hizo con justicia y con suma sabiduría, porque debiendo descender en Mí el Verbo Eterno, no sólo no era decoroso que encontrara en Mí la mancha de origen, sino que ni siquiera era decoroso que encontrara en Mí una voluntad humana obrante; habría sido muy indecoroso para Dios descender en una criatura en que reinase la voluntad humana. Es por esto que quiso de Mí, por prueba y por toda la vida, mi voluntad, para asegurar en mi alma el reino de la Divina Voluntad. Asegurado éste en Mí, Dios podía hacer lo que quería de Mí, todo podía darme, y puedo decir que nada me podía negar. Pero ahora regresemos al punto donde nos hemos quedado, me reservaré en el curso de mis lecciones el narrarte lo que hizo esta Divina Voluntad en Mí. 19 Ahora escucha hija mía, después del triunfo en la prueba el Fiat Divino hizo el sexto paso en mi alma, haciéndome tomar posesión de todas las propiedades divinas, por cuanto a criatura es posible e imaginable. Todo era mío, Cielo, tierra, y el mismo Dios, del Cual poseía la misma Voluntad de Ellos, Yo me sentía poseedora de la santidad divina, del amor, de la belleza, potencia, sabiduría y bondad divinas, me sentía Reina de todo, no me sentía extraña en la casa de mi Padre celestial, sentía a lo vivo su paternidad y la suprema felicidad de ser su hija fiel, puedo decir que crecí sobre las rodillas paternas de Dios, no conocí otro amor, ni otra ciencia, sino aquella que me suministraba mi Creador. ¿Quién puede decirte lo que hizo esta Divina Voluntad en Mí? Me elevó tan en alto, me embelleció tanto, tanto, que los mismos ángeles quedaron mudos, no sabiendo por dónde comenzar a hablar de Mí. Ahora hija mía queridísima, tú debes saber que en cuanto el Fiat Divino me hizo tomar posesión de todo, me sentí poseedora de todo y de todos, la Divina Voluntad con su potencia, inmensidad y omnividencia encerraba en mi alma a todas las criaturas, y Yo sentía un pequeño lugar en mi corazón materno para cada una de ellas. Desde que fui concebida Yo te llevé en mi corazón, y ¡oh! cuánto te amé y te amo, te amé tanto que te hice de Madre ante Dios, mis oraciones, mis suspiros eran para ti, y en el delirio de Madre decía: “¡Oh! cómo quisiera ver a mi hija poseedora de todo, como lo soy Yo.” Por eso escucha a tu Mamá, no quieras reconocer más tu voluntad humana, si esto haces todo será común entre Yo y tú, habrá una fuerza divina en tu poder, todas las cosas se convertirán en santidad, amor y belleza divinas. Y Yo en el desahogo de mi amor, así como me alabó el Altísimo: “Toda bella, toda santa, toda pura eres Tú, ¡oh! María.” Diré: “Bella, pura y santa es mi hija, porque posee la Voluntad Divina.



viernes, 12 de mayo de 2023

QUINTA MEDITACION – El quinto paso de la Divina Voluntad en la Reina del Cielo.


  El quinto paso de la Divina Voluntad en la Reina del Cielo.

El triunfo sobre la prueba.


LECCION DE LA REINA DEL CIELO:

 ¡Hija queridísima, oh cómo suspiro por confiarte mis secretos! Ellos me darán inmensa gloria y exaltarán aquel FIAT que fue la  causa primaria de mi Inmaculada Concepción, de mi Santidad de mi Soberanía y Maternidad Divinas. Todas las sublimes prerrogativas por las cuales la Iglesia me honra tanto, no fueron otra cosa que los efectos de la Divina Voluntad que me dominaba, que reinaba y vivía en Mí. Es natural, por lo tanto, que Yo arda en deseos de hacer conocer a los hombres la maravillosa potencia del FIAT Divino que en Mí produjo privilegios y efectos tan admirables que dejó estupefactos al Cielo y a la tierra. Ahora escúchame, hija querida: Cuando el Ser Supremo me pidió mi querer humano, Yo comprendí el gran mal que la voluntad humana puede producir en el hombre, teniendo la capacidad de deshacer aun las obras más bellas del Creador. La criatura a causa de su propio querer es oscilante, débil, inconstante, desordenada... mientras que Dios, al crearla, la había unido a su Voluntad Divina para que ésta pudiera ser su fuerza, su primer movimiento, su sustento, su aliento, su vida. Así que al no recibir en nosotros esa Vida Divina, rechazamos los bienes y los derechos recibidos como don de Dios. ¡Oh, cómo comprendí bien la suma ofensa que el hombre hace a Dios y los males que se atrae a sí mismo! Tuve entonces pavor y horror de hacer mi voluntad, y justamente temí, pues ¿no había sido acaso también Adán creado por Dios, inocente y puro? Y con hacer su propia voluntad ¿en cuántos males no fue arrojado, arrastrando consigo a todas las generaciones? Presa entonces de terror y, más aún, de ternura ardiente hacia mi Creador, juré no hacer nunca mi voluntad. Y para estar más segura y testificar mayormente mi sacrificio a El, que tantos mares me había dado de gracia y tantos privilegios, tomé mi voluntad y la até a los pies del Trono Divino en homenaje continuo de amor y de sacrificio, afirmando que nunca me serviría de ella ni siquiera por un instante. Hija mía, tal vez a ti no te parezca grande el sacrificio que hice de vivir sin mi voluntad, pero te aseguro que no hay ninguno semejante al mío. Los sacrificios de toda la historia del mundo, comparados a éste, no son sino sombras. Sacrificarse un día, ahora sí, ahora no, es fácil; pero sacrificarse a cada instante y en cada acto, aun en el mismo bien que se quiere hacer, y durante toda la existencia, sin dar nunca vida a la voluntad propia es el sacrificio de los sacrificios, es el certificado y testimonio más grande de fidelidad, es el amor más puro, tejido por la misma Voluntad Divina que se puede ofrecer al Creador. Es tan grande esta oblación, que Dios no puede pedir nada más de la criatura, ni la criatura puede encontrar ninguna otra cosa mayor que ofrecerle que ésta. Ahora, hija querida, en cuanto hube hecho el don de mi voluntad a mi Señor, Yo me sentí triunfadora de la prueba que me había sido pedida, y Dios, a su vez, se sintió victorioso sobre mi voluntad humana. El esperaba la prueba de mi renuncia, ésto es, esperaba que un alma  viviera sin voluntad propia para juntar nuevamente lo que el género humano había separado y poder así conceder a todos clemencia y misericordia. Y ahora, una palabra para ti, hija mía: ¡Oh, si tú supieras cómo anhelo verte vivir sin tu voluntad! Tú sabes que soy tu Madre y que la Mamá quiere ver feliz a su hija; pero ¿Cómo podrás serlo si no te decides a vivir como vivió tu Mamá? En cambio, si lo haces así, todo, todo te daré; me pondré a tu disposición y seré toda tuya. Hazme este bien y dame esta alegría de ver a una hija que viva toda de Voluntad Divina.

CUARTA MEDITACIÓN El cuarto paso de la Divina Voluntad en la Reina del Cielo.

 LECCION DE LA REINA DEL CIELO


El cuarto paso de la Divina Voluntad en la Reina del Cielo.

 ¡Hija mía, si tú supieras cuánto deseo estrecharte entre mis brazos y tenerte apoyada sobre mi Corazón materno!... Tus vehementes deseos de conocer los arcanos celestiales del FIAT Divino no son otra cosa que el eco de mis suspiros. Tu Mamá quiere verdaderamente confiarte sus secretos y narrarte la historia de las maravillas obradas en Ella por la dulce Voluntad Divina. Querida hija, préstame atención, pues mi Corazón quiere desahogarse, por eso te dirá lo que hasta ahora ha permanecido sellado, no habiendo aún sonado la hora de Dios. Sí, Dios, queriendo dar a sus criaturas gracias sorprendentes nunca antes concedidas en toda la historia de la humanidad, quiere hacer conocer los prodigios que su 10 Divino Querer puede obrar en ellas cuando se dejan dominar por El. Y habiendo Yo tenido el gran honor de realizar toda mi vida en su Divina Voluntad, El quiere ahora ponerme entre vosotros como el modelo a imitar. Ya te he narrado, hija mía, cómo la Divinidad festejó el instante de mi Concepción y como el cielo y la tierra me proclamaron como su Reina. Desde aquel instante, Yo permanecí en tal forma fundida con mi Creador, que me sentí dueña de sus dominios Divinos. Aquel mismo Querer que reinaba en El, reinaba ahora también en Mí y, por tanto, nos hacía inseparables. Y si bien todo era alegría y fiesta entre Nosotros, pero para que El pudiera confiar enteramente en Mí era necesario que Yo pasara una prueba. Hija mía, la prueba superada es una bandera que dice: “Victoria”; y ésta es capaz de hacernos poder recibir todos los bienes que Dios nos quiere dar, y dispone al alma a grandes conquistas. Yo comprendí cómo la prueba era necesaria para poder ofrecer a mi Creador, en reciprocidad de sus innumerables favores, una muestra de gran fidelidad, aun a costa del sacrificio de toda mi vida. ¡Oh, cuán bello es poder decir: “Tú me has amado y Yo te he amado”. Sin una prueba, ésto nunca se podría afirmar de verdad. Debes saber entonces, hija mía, que el FIAT Omnipotente me hizo conocer la obra de la Creación del hombre. También él había salido inocente y santo de las manos Divinas; también él había gozado de una felicidad indecible, dominando con su cetro toda la creación y todos los elementos. El Querer Divino que reinaba en él soberano, lo enriquecía con todos los bienes de la creación y lo hacía inseparable de su Creador. Pero antes de confirmar la inocencia, la santidad y la felicidad del primer hombre, antes de concederle el dominio sobre todo el universo, Dios quiso sujetarlo a una prueba. Entre tantos frutos que se encontraban en el Paraíso Terrenal, le prohibió tocar uno solamente... Pero Adán no supo permanecer fiel, y habiendo transgredido la orden divina, el Señor no pudo fiarse más de él y, por tanto, quedó obligado a privarlo de las sublimes prerrogativas con las cuales lo había dotado. La obra de la Creación, en consecuencia, se puso, por decir así, de cabeza, se trastornó. Cuando Yo conocí los grandes males que la voluntad humana había provocado en Adán y en toda su descendencia, en cuanto fui concebida, lloré amargamente por el hombre caído. Y de igual modo no tardó en llegar para Mí el momento de la prueba. El Querer Divino me invitó a entregarle mi voluntad. “No te pido”, me dijo, “la obediencia que le pedí a Adán, no; te pido a Ti que me des tu voluntad; Tú la tendrás como si no la tuvieras, bajo el imperio de mi Querer, que será tu vida.” El FIAT Supremo hizo así el cuarto paso en mi alma, pidiéndome mi voluntad como prenda, esperando que pronunciara mi FIAT, como mi aceptación. Más adelante te narraré el éxito de la prueba. Por ahora  te encomiendo imitar a tu Mamá, no rehusando nunca nada a Dios, aun cuando El exigiera de ti sacrificios que duraran toda tu vida. El perseverar con fidelidad en la prueba que Dios quiera de ti le permite desarrollar sus designios en tu alma y hacer de ella su obra maestra. Quien no es fiel en la prueba, trastorna la obra de su Creador. Por eso, querida hija, estáte alerta. Si tú correspondes a los deseos Divinos, harás tú mayormente feliz a tu Mamá. Esfuérzate en contentarme y Yo te guiaré en todo.

20° día La Reina del Cielo en el reino de la Divina Voluntad

 El pequeño Rey Jesús ha nacido. Los ángeles lo señalan y llaman a los pastores a adorarlo. Cielos y tierra se regocijan y el Sol del Verbo ...