sábado, 13 de mayo de 2023

10° día La Reina del Cielo en el reino de la Divina Voluntad.


 Alba que surge para poner en fuga la noche del querer humano. Su nacimiento glorioso.

Lección de la recién nacida Reina Hija de mi corazón, mi nacimiento fue prodigioso, ningún otro nacimiento puede decirse igual al mío, Yo encerraba en Mí el Cielo, el Sol de la Divina Voluntad, y también la tierra de mi humanidad, pero tierra bendita y santa que contenía las más bellas flores, y si bien recién nacida apenas, Yo contenía el prodigio de los más grandes prodigios: El Querer Divino reinante en Mí, el cual encerraba en Mí un Cielo más bello, un Sol más refulgente que el de la Creación, del cual era también Reina, contenía también un mar de gracias sin confines que murmuraba siempre amor, amor hacia mi Creador. Por eso mi nacimiento fue el verdadero amanecer que pone en fuga la noche del humano querer, y conforme iba creciendo, así formaba la aurora y llamaba el día esplendidísimo para hacer surgir el Sol del Verbo Eterno sobre la tierra. Hija mía, ven a mi cuna a escuchar a tu pequeña Mamita. En cuanto nací, abrí los ojos para ver este bajo mundo, para ir en busca de todos mis hijos para encerrarlos en mi corazón, darles mi materno amor y regenerándolos a la nueva vida de amor y de gracia, darles el paso para hacerlos entrar en el reino 31 del Fiat Divino, del cual era poseedora. Quise hacerla de Reina y de Madre encerrando a todos en mi corazón para poner a todos al seguro y darles el gran don del reino divino. En mi corazón tenía lugar para todos, porque para quien posee la Divina Voluntad no hay estrecheces, sino amplitudes infinitas, por eso te vi también a ti, hija mía, ninguno se me escapó; aquel día todos festejaron mi nacimiento y también para Mí fue fiesta, más sin embargo al abrir mis ojos a la luz tuve el dolor de ver a las criaturas en la densa noche del querer humano. ¡Oh! en que abismo de tinieblas se encuentra envuelta la criatura que se hace dominar por su voluntad, esa es la verdadera noche, pero noche sin estrellas, a lo más algunos rayos fugaces, que fácilmente son seguidos por truenos, que rumoreando acumulan más densas tinieblas y descargan la tempestad sobre la pobre criatura, tempestad de miedo, de debilidades, de peligros, de caídas en el mal. Mi pequeño corazón quedó traspasado al ver a mis hijos bajo esta horrible tempestad en que la noche del humano querer los había arrollado. Ahora escucha a tu Mamá, estoy en la cuna todavía, soy pequeña, ve mis lágrimas que derramo por ti, cada vez que haces tu voluntad es una noche que formas para ti, y si tú supieras cuánto mal te hace esta noche, llorarías conmigo, te hace perder la luz del día del Querer Santo, te voltea de cabeza, te paraliza en el bien, te rompe el verdadero amor y quedas como una pobre enferma a la que le faltan las cosas necesarias para curarse. ¡Ah! hija mía, hija querida, escúchame, no hagas más tu voluntad, dame tu palabra que contentarás a tu pequeña Mamita.

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