sábado, 13 de mayo de 2023

15° día. La Reina del Cielo en el Reino de la Divina Voluntad.

 Sale del templo. Esponsales con san José. Espejo divino al que llama a mirarse a todos aquellos que son llamados por Dios al estado conyugal.



Lección de la Reina del Cielo

Vamos hija mía, ánimo y confianza en tu Mamá y propósito férreo de no dar jamás vida a tu voluntad. ¡Oh! cómo quisiera oír de tus labios: “Mamá mía, mi voluntad ha terminado, y todo el imperio lo tiene en mí el Fiat Divino.” Éstas son las armas que la hacen estar muriendo continuamente, y vencen el corazón de tu Mamá para usar todas las artes amorosas de Madre, para que su hija viva en el reino de su Mamá. Para ti será dulce muerte, que te dará la verdadera vida, y para Mí será la más bella de las victorias que haré en el reino de la Divina Voluntad, por eso confianza y ánimo en Mí, la desconfianza es de los viles y de aquellos que no están verdaderamente decididos a obtener la victoria, y por eso están siempre sin armas, y sin armas no se vence y se es siempre intermitente y vacilante en hacer el bien. Ahora hija mía escúchame, Yo continuaba mi vida en el templo y mis escapadas para allá arriba, a mi patria celestial; Yo tenía mis derechos de hija de hacer mis pequeñas visitas a mi Familia Divina, que más que padre me pertenecía, pero cual no fue mi sorpresa cuando en una de estas visitas mías me hicieron conocer que era Voluntad de ellos que saliera del templo, uniéndome con el vínculo de esponsalicio según el uso externo de aquellos  tiempos, con un hombre santo llamado José, y retirarme junto con él a vivir en la casa de Nazaret. Hija mía, en este momento de mi vida, aparentemente parecía que Dios quería ponerme en prueba y en riesgo. Yo no había amado jamás a ninguno en el mundo, y como la Voluntad Divina tenía su extensión en todo mi Ser, mi voluntad humana no tuvo jamás un acto de vida, por eso en Mí faltaba el germen del amor humano, ¿cómo podía amar a un hombre, por cuan santo fuera, en el orden humano? Es verdad que Yo amaba a todos, y era tanto el amor hacia todos, que mi amor de Madre me los había escrito con caracteres imborrables de fuego, uno por uno en mi materno corazón, pero esto era todo en el orden del amor divino, porque el amor humano comparado con el divino se puede llamar sombras, pinceladas, átomos de amor. Sin embargo hija querida, lo que aparentemente parecía riesgo y como extraño a la santidad de mi vida, Dios se sirvió de ello admirablemente para cumplir sus designios y concederme la gracia que Yo tanto suspiraba, esto es, que descendiera el Verbo a la tierra. Dios me daba la salvaguarda, la defensa, la ayuda, a fin de que ninguno pudiera murmurar de Mí, sobre mi honestidad, San José debía ser el cooperador, el tutor que debía tomar el interés de aquél poco de humano que se necesitaba, y la sombra de la Paternidad celestial en la cual debía ser formada nuestra pequeña familia celestial sobre la tierra. Entonces, a pesar de mi sorpresa, rápidamente dije Fiat, sabiendo que la Divina Voluntad no me habría hecho mal, ni perjudicado mi santidad. ¡Oh! si hubiera querido poner un acto de mi voluntad humana, aun bajo el aspecto de no querer conocer hombre, habría mandado a la ruina los planes de la venida del Verbo sobre la tierra. Así que no es la diversidad de los estados la que perjudica a la santidad, sino la falta de la Divina Voluntad y el no cumplimiento de los propios deberes en el estado en el cual Dios llama a la criatura, todos los estados son santos, también el matrimonio, con tal que dentro esté la Divina Voluntad y el sacrificio exigido de los propios deberes, pero la mayor parte son indolentes y perezosos, y no sólo no se hacen santos, sino que forman del estado de cada uno, quién un purgatorio y quién un infierno. Por eso en cuanto conocí que debía salir del templo, Yo no hice movimiento alguno, esperando que Dios mismo moviera las circunstancias externas para hacerme cumplir su adorable Voluntad, como de hecho sucedió. Los Superiores del templo me llamaron y me dijeron que era su voluntad, y también la costumbre de aquellos tiempos, el que Yo debía prepararme al casamiento; Yo acepté. Milagrosamente la selección entre tantos cayó sobre  san José, y así se formó el esponsalicio y salí del templo. Por eso te ruego hija de mi corazón, que en todas las cosas, lo que más te importe sea sólo la Divina Voluntad, si quieres que los designios divinos se cumplan sobre ti.

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