martes, 16 de mayo de 2023

20° día La Reina del Cielo en el reino de la Divina Voluntad

 El pequeño Rey Jesús ha nacido. Los ángeles lo señalan y llaman a los pastores a adorarlo. Cielos y tierra se regocijan y el Sol del Verbo Eterno, haciendo su curso aclara la noche del pecado, y da principio al pleno día de la gracia. Estancia en Belén.

Lección la Reina del Cielo

 A su hija Hija mía queridísima, ¡oh! cómo te suspiro en mis brazos para tener el gran contento de poder decir a nuestro pequeño Rey niñito: “No llores cariño mío, mira, aquí con nosotros está mi pequeña hija que quiere reconocerte por Rey y darte el dominio en su alma, para hacerte extender el reino de tu Divina Voluntad en ella.” Ahora, hija de mi corazón, mientras estás atenta en mirar al niñito Jesús, préstame atención y escúchame, tú debes saber que era media noche cuando el pequeño Rey salió de mi seno materno, pero la noche se cambió en día; Aquél que era dueño de la luz ponía en fuga la noche de la voluntad humana, la noche del pecado, la noche de todos los males; y por señal de lo que hacía en el orden de las almas con su acostumbrado Fiat omnipotente, la media noche se cambió en día fulgidísimo; todas las cosas creadas corrían para alabar en aquella pequeña Humanidad a su Creador. El sol corría para dar sus 64 primeros besos de luz al niñito Jesús y calentarlo con su calor; el viento imperante con sus oleadas, purificaba el aire de aquel establo y con su dulce gemido le decía te amo; los cielos se sacudían desde sus cimientos; la tierra exultaba y temblaba, hasta en el abismo; el mar se agitaba con sus olas altísimas; en suma, todas las cosas creadas reconocieron que su Creador ya estaba en medio de ellas, y todas hacían competencia para alabarlo, los mismos ángeles, formando luz en el aire, con voz melodiosa, de poderse escuchar por todos, decían: “Gloria a Dios en lo más alto de los cielos y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad, ya ha nacido el celestial niñito en la gruta de Belén, envuelto en pobres pañales.” Tanto, que los pastores que estaban en vigilia escucharon las voces angélicas y corrieron a visitar al pequeño Rey divino. Por eso hija querida, continúa escuchándome. En cuanto Yo lo recibí en mis brazos y le di mi primer beso, sentí la necesidad de amor de dar de lo mío a mi Hijo niñito, y ofreciéndole mi seno le di leche abundante, leche formada por el mismo Fiat Divino en mi persona para alimentar al pequeño Rey Jesús. Pero ¿quién puede decirte lo que Yo sentía al hacer esto? ¿Y los mares de gracia, de amor, de santidad, que para corresponderme me daba mi Hijo? Por eso lo envolví en pobres pero limpios pañales y lo acosté en el pesebre, ésta era su Voluntad, y Yo no podía hacer otra cosa que seguirla. Pero antes de hacer esto hice partícipe al querido san José poniéndolo en sus brazos; y ¡oh! cómo gozó, se lo estrechó al corazón, y el dulce niñito derramó en su alma torrentes de gracia. Después, junto con san José pusimos un poco de heno en el pesebre, y separándolo de mis brazos maternos lo acosté dentro. Y tu Mamá, raptada por la belleza del infante divino, me estaba la mayor parte inclinada ante Él; ponía en movimiento todos mis mares de amor, que el Querer Divino había formado en Mí, para amarlo, adorarlo y agradecerle. Y el celestial niñito, ¿qué hacía en el pesebre? Un acto continuado de la Voluntad de nuestro Padre celestial, que era también suya, y emitiendo gemidos y suspiros, gemía, lloraba y llamaba a todos diciendo en sus gemidos amorosos: “Vengan todos mis hijos, por amor tuyo he nacido al dolor, a las lágrimas, vengan todos a conocer el exceso de mi amor, denme un refugio en sus corazones.” Y hubo un ir y venir de pastores que vinieron a visitarlo, y a todos daba su dulce mirada y su sonrisa de amor en sus mismas lágrimas. Ahora hija mía, una palabrita a ti, tú debes saber que toda mi alegría era tener en mi regazo a mi querido Hijo Jesús, pero el Querer Divino me hizo entender que lo pusiera en el pesebre a disposición de todos, a fin de que 65 quien lo quisiera pudiera acariciarlo, besarlo y tomarlo entre sus brazos como si fuera suyo; era el pequeño Rey de todos, por lo tanto tenían el derecho de hacer de Él una dulce prenda de amor, y Yo para cumplir el Querer Supremo me privé de mis alegrías inocentes, y comencé con las obras y los sacrificios el oficio de Madre, de dar a Jesús a todos. Hija mía, la Divina Voluntad es exigente, quiere todo, incluso el sacrificio de las cosas más santas, y de acuerdo a las circunstancias, el gran sacrificio de privarse del mismo Jesús, pero esto para extender mayormente su reino y para multiplicar la Vida del mismo Jesús, porque cuando la criatura por amor suyo se priva de Él, es tal y tanto el heroísmo y el sacrificio, que tiene virtud de producir una Vida nueva de Jesús, para poder formar otra habitación a Jesús. Por eso querida hija, sé atenta y no niegues jamás nada a la Divina Voluntad bajo cualquier pretexto.

19° día. La Reina del Cielo en el reino de la Divina Voluntad.

 Sol que surge. Pleno mediodía. 

El Verbo Eterno en medio a nosotros.

Lección de la Reina del Cielo, Madre de Jesús

 Hija queridísima, no temas, confíate en tu Mamá, vierte todo en mi corazón y Yo me ocuparé de todo, te haré de Mamá, cambiaré tus penas en luz y me serviré de ellas para agrandar los confines del reino de la Voluntad Divina en tu alma; por eso haz todo a un lado por ahora y escúchame, quiero decirte lo que obró el pequeño Rey Jesús en mi seno materno, y como tu Mamá no perdió ni siquiera un respiro del pequeño Jesús. Ahora hija mía, la pequeña Humanidad de Jesús iba creciendo unida hipostáticamente con la Divinidad, mi seno materno era estrechísimo, oscuro, no había resquicio de luz, y Yo lo veía en mi seno materno inmóvil, envuelto dentro de una noche profunda. ¿Pero sabes tú quién formaba esta oscuridad tan intensa al infante Jesús? La voluntad humana, en la cual el hombre voluntariamente se había envuelto, y por cuantos pecados cometía tantos abismos de tinieblas formaba alrededor y dentro de sí, de modo que lo dejaba inmóvil para hacer el bien. Y mi amado Jesús para poner en fuga las tinieblas 61 de esta noche tan profunda, en la que el hombre se había vuelto prisionero de su misma voluntad tenebrosa, hasta perder el movimiento para hacer el bien, escogió la dulce prisión de su Mamá y voluntariamente se ofreció a la inmovilidad de nueve meses. Hija mía, si tú supieras cómo mi materno corazón era martirizado al ver al pequeño Jesús en mi seno, inmóvil, llorar, suspirar, su latido ardiente palpitaba fuertemente, y delirando de amor hacía sentir su latido en cada corazón para pedirles por piedad sus almas para encerrarlas en la luz de su Divinidad, porque Él por amor de ellos, voluntariamente había cambiado la luz por las tinieblas, a fin de que todos pudieran obtener la verdadera luz para ponerse a salvo. Hija mía queridísima, ¿quién puede decirte lo que sufrió mi pequeño Jesús en mi seno? Penas inauditas e indescriptibles. Estaba dotado de plena razón, era Dios y Hombre, y era tanto su amor que ponía aparte los mares infinitos de alegrías, de felicidad, de luz, y sumergía su pequeña Humanidad en los mares de tinieblas, de amarguras, de infelicidad, de miserias, que le habían preparado las criaturas, y el pequeño Jesús se las ponía todas sobre sus espaldas como si fueran suyas. Hija mía, el verdadero amor jamás dice basta, no mira las penas, y por medio de penas busca a aquél que ama; y sólo está contento cuando pone su vida para dar nuevamente la vida a aquél que ama. Hija mía, escucha a tu Mamá, ¿ves qué gran mal es hacer tu voluntad? No sólo preparas la noche a tu Jesús y a ti, sino que formas mares de amargura, de infelicidad y de miseria, en los cuales quedas tan arrollada que no sabes cómo salir de ellos. Por eso sé atenta, hazme feliz al decirme: “Quiero hacer siempre la Divina Voluntad.” Ahora escucha hija mía, el pequeño Jesús, penando de amor está en acto de apresurarse para salir a la luz del día, sus ansias, sus suspiros ardientes y deseos porque quiere abrazar a la criatura, hacerse ver, mirarla para raptarla a Sí, no le dan más descanso, y así como un día se puso de centinela a las puertas del Cielo para encerrarse en mi seno, así está en acto de ponerse como centinela a las puertas de mi seno, que es más que Cielo, y el Sol del Verbo Eterno surge en medio al mundo y forma su pleno mediodía. Así que para las pobres criaturas no habrá más noche, ni alba, ni aurora, sino siempre Sol, más que en la plenitud del mediodía.  Tu Mamá sentía que no lo podía contener más dentro de Mí, mares de luz y de amor me inundaban, y así como dentro de un mar de luz lo concebí, así dentro de un mar de luz salió de mi seno materno. Hija querida, para quien vive de Voluntad Divina todo es luz y todo se convierte en luz, entonces en esta luz, Yo, raptada esperaba estrechar entre mis brazos a mi pequeño Jesús, y en cuanto salió de mi seno escuché sus primeros gemidos amorosos, y el ángel del Señor me lo entregó entre mis brazos y Yo lo estreché fuertemente a mi corazón y le di mi primer beso, y el pequeño Jesús me dio el suyo. Por ahora basta, mañana te espero de nuevo para seguir la narración del nacimiento de Jesús.

18° día La Reina del Cielo en el reino de la Divina Voluntad.

 La Virgen, cielo adornado de estrellas; en este cielo el Sol divino brilla con sus rayos fulgidísimos y llena Cielo y tierra. 

Jesús en el seno de su Mamá. 

Visita a santa Isabel; santificación de Juan.


Lección de la Reina del Cielo, Madre de Jesús

 Mi querida hija, hoy más que nunca te espero, mi materno corazón está henchido, siento la necesidad de desahogar mi ardiente amor con mi hija, quiero decirte que soy Madre de Jesús, mis alegrías son infinitas, mares de felicidad me inundan, Yo puedo decir: soy Madre de Jesús, su criatura, su esclava, y sólo al Fiat lo debo, me volvió llena de gracia, preparó la digna habitación a mi Creador, por eso la gloria, el honor y el agradecimiento sean siempre al Fiat Supremo. Ahora escúchame hija de mi corazón, en cuanto fue formada con la potencia del Fiat Divino la pequeña Humanidad de Jesús en mi seno, el Sol del Verbo Eterno se encarnó en Ella. Yo tenía mi cielo formado por el Fiat todo adornado de estrellas fulgidísimas que centelleaban alegrías, bienaventuranzas, armonías de bellezas divinas, y el Sol del Verbo Eterno, 56 resplandeciente de luz inaccesible vino a tomar su puesto dentro de este cielo, escondido en su pequeña Humanidad, la cual no pudiéndolo contener, el centro del Sol estaba en Ella pero su luz se desbordaba fuera, e invistiendo Cielo y tierra llegaba a cada corazón, y con su golpe de luz llamaba a cada criatura, y con las voces de luz penetrante les decía: “Hijos míos, ábranme, denme el puesto en vuestro corazón, he descendido del Cielo a la tierra para formar en cada uno de ustedes mi Vida, mi Madre es el centro donde reside y todos mis hijos serán la circunferencia donde quiero formar tantas Vidas mías por cuantos hijos hay.” Y la luz llamaba y volvía a llamar sin cesar jamás, y la pequeña Humanidad de Jesús gemía, lloraba, sufría espasmos y dentro de aquella luz que llegaba a los corazones hacía correr sus lágrimas, sus gemidos y sus espasmos de amor y de dolor. Ahora tú debes saber que para tu Mamá comenzó una nueva vida, Yo estaba al día de todo lo que hacía mi Hijo, lo veía devorado por mares de llamas de amor, cada latido suyo, respiro y pena, eran mares de amor que hacía salir, envolvía a todas las criaturas para hacerlas suyas por fuerza del amor y del dolor, porque tú debes saber que en cuanto fue concebida su pequeña Humanidad, concibió todas las penas que debía sufrir hasta el final de su vida, encerró en Sí mismo a todas las almas, porque como Dios ninguno le podía huir, su inmensidad encerraba a todas las criaturas, su omnividencia le hacía presentes a todas; por eso mi Jesús, mi Hijo, sentía el peso y el fardo de todos los pecados de cada una de las criaturas. Y Yo, tu Mamá, lo seguía en todo y sentí en mi materno corazón la nueva generación de las penas de mi Jesús, y la nueva generación de todas las almas que como Madre debía generar junto con Jesús a la gracia, a la luz, a la vida nueva que mi querido Hijo vino a traer a la tierra. Hija mía, tú debes saber que desde que Yo fui concebida te amé como Madre, te sentía en mi corazón, ardía de amor por ti, pero no entendía el por qué; el Fiat Divino me hacía hacer los actos, pero me tenía oculto el secreto, pero en cuanto se encarnó me develó el secreto y comprendí la fecundidad de mi maternidad, que no sólo debía ser madre de Jesús, sino Madre de todos, y esta maternidad debía ser formada sobre la hoguera del dolor y del amor. Hija mía, ¡cuánto te he amado y te amo! Ahora escucha hija querida hasta dónde se puede llegar cuando el Divino Querer toma la vida obrante en la criatura y la voluntad humana lo deja hacer sin impedirle el paso. Este Fiat, que en naturaleza posee la virtud generativa, genera todos los bienes en la criatura, la hace fecunda, dándole la maternidad sobre todos, sobre todos los bienes, y sobre Aquél que la ha creado. 57 Maternidad dice y significa verdadero amor, amor heroico, amor que se contenta con morir para dar vida a quien ha generado; si no hay esto, la palabra maternidad es estéril, está vacía y se reduce a palabras, pero en los hechos no existe. Por eso hija mía, si quieres la generación de todos los bienes haz que el Fiat tome en ti la vida obrante, el cual te dará la maternidad y amarás todo con amor de madre, y Yo, tu Mamá, te enseñaré el modo cómo fecundar en ti esta maternidad toda santa y divina. En cuanto llegué a ser Madre de Jesús y Madre tuya, mis mares de amor se duplicaron, y no pudiendo contenerlos todos, sentía la necesidad de expandirlos y de ser, incluso a costo de grandes sacrificios, la primera portadora de Jesús a las criaturas. Pero qué digo ¿sacrificios? Cuando se ama de verdad, los sacrificios, las penas, son refrigerios, consuelos y desahogos del amor que se posee. ¡Oh! hija mía, si tú no pruebas el bien del sacrificio, si no sientes como él es causa de las alegrías más íntimas, es señal de que el amor divino no llena toda tu alma, y por lo tanto que la Divina Voluntad no reina como Reina en ti. Ella sola da tanta fuerza al alma, de volverla invencible y capaz de soportar cualquier pena. Pon la mano sobre tu corazón y observa cuántos vacíos de amor hay en él, reflexiona: aquella secreta estima de ti misma, aquel turbarte por cada mínima contrariedad, aquellos pequeños apegos que sientes a cosas y a personas, aquel cansancio en el bien, aquel fastidio que te causa lo que no te gusta, equivalen a otros tantos vacíos de amor en tu corazón, vacíos que, parecidos a la fiebre, te privan de la fuerza y del deseo de llenarte de Voluntad Divina. ¡Oh! cómo sentirías también tú la virtud refrescante y conquistante en tus sacrificios si llenas de amor estos vacíos tuyos. Hija mía, dame ahora la mano y sígueme, porque Yo continuaré dándote mis lecciones. Partí de Nazaret acompañada de san José, afrontando un largo viaje y atravesando montañas para ir a visitar en Judea a Isabel, que a avanzada edad, milagrosamente llegaba a ser madre. Yo iba a ella no para hacerle una simple visita, sino más bien porque ardía en deseos de llevarle a Jesús. La plenitud de gracia, de amor, de luz que sentía en Mí me empujaba a llevar, a multiplicar, a centuplicar la vida de mi Hijo en las criaturas. Sí hija mía, el amor de Madre que tuve por todos los hombres y por ti en particular, fue tan grande, que Yo sentí la necesidad extrema de dar a todos a mi querido Jesús, a fin de que todos lo pudieran poseer y amar. El derecho de Madre que me fue dado por el Fiat, me enriqueció de tal potencia, 58 de multiplicar tantas veces a Jesús por cuantas eran las criaturas que lo querían recibir, éste era el más grande milagro que Yo podía hacer, tener pronto a Jesús para darlo a cualquiera que lo deseara. ¡Cómo me sentía feliz! Cuánto quisiera que también tú hija mía, acercándote a las personas y haciendo visitas, fueras siempre la portadora de Jesús, capaz de hacerlo conocer y deseosa de hacerlo amar. Después de algunos días de viaje llegué finalmente a Judea, y presurosa me conduje a la casa de Isabel. Ella vino a mi encuentro festiva. Al saludo que le di sucedieron fenómenos maravillosos, mi pequeño Jesús exultó en mi seno y fijando con los rayos de la propia Divinidad al pequeño Juan en el seno de su madre, lo santificó, le dio el uso de la razón y le hizo conocer que Él era el Hijo de Dios. Juan entonces saltó tan fuertemente de amor y alegría, que Isabel se sintió sacudida, golpeada también ella por la luz de la Divinidad de mi Hijo, supo que Yo me había convertido en la Madre de Dios, y en el énfasis de su amor, temblando de gratitud exclamó: “¿De dónde a mí tanto honor, que la Madre de mi Señor venga a mí?” Yo no negué el altísimo misterio, más bien lo confirmé humildemente. Alabando a Dios con el canto del Magnificat, canto sublime por medio del cual continuamente la Iglesia me honra, anuncié que el Señor había hecho grandes cosas en Mí, su esclava, y por esto todas las gentes me habrían llamado bienaventurada. Hija mía, Yo me sentía consumir por el deseo de dar un desahogo a las llamas de amor que me consumían, y de externar mi secreto a Isabel, la cual, también ella suspiraba al Mesías sobre la tierra. El secreto es una necesidad del corazón que irresistiblemente se revela a las personas capaces de entenderse. ¿Quién podrá jamás decirte cuánto bien llevó mi visita a Isabel, a Juan, a toda aquella casa? Cada uno quedó santificado, lleno de alegría, advirtió alegrías insólitas, comprendió cosas inauditas, y Juan en particular recibió todas las gracias que le eran necesarias para prepararse a ser el precursor de mi Hijo. Hija queridísima, la Divina Voluntad hace cosas grandes e inauditas dondequiera que Ella reina; si Yo obré tantos prodigios fue porque Ella tenía su puesto real en Mí. Si también tú dejas reinar al Divino Querer en tu alma, te convertirás también en la portadora de Jesús a las criaturas, sentirás también tú la irresistible necesidad de darlo a todos.

17° día. La Reina del Cielo en el reino de la Divina Voluntad.

 Las puertas del Cielo se abren, el Sol del Verbo Eterno se pone a la espía. Envía a su ángel para avisar a la Virgen que la hora de Dios ha llegado.


Lección de la Soberana Reina


 Hija queridísima, es propiamente ésta la finalidad que amo tanto, el hacerte oír los arcanos celestiales del Fiat Divino y los portentos que puede obrar donde mi Voluntad reina completamente, y el gran mal de quien se hace dominar por el querer humano, a fin de que tú ames mi Voluntad para hacerla formar su trono en ti, y aborrezcas tu querer, para hacer de tu voluntad el escabel del Querer Divino, teniéndola sacrificada a sus pies divinos. Ahora hija mía escúchame, Yo continuaba mi vida en Nazaret, el Fiat Divino continuaba extendiendo en Mí su reino, para ello se servía de los más pequeños actos míos, incluso de los más indiferentes, como era mantener el orden de la pequeña casita, encender el fuego, barrer, y todos aquellos servicios que se acostumbran en las familias, para hacerme sentir su vida palpitante en el fuego, en el agua, en el alimento, en el aire que respiraba, en todo, e invistiéndolos formaba sobre mis pequeños actos mares de luz, de gracia, de santidad, porque donde reina el Divino Querer, tiene la potencia de formar de las pequeñas naderías, nuevos cielos de belleza encantadora, porque Él, siendo inmenso, no sabe hacer cosas pequeñas, sino que con su potencia da valor a las pequeñeces y de ellas forma las cosas más grandes, de dejar atónitos cielos y tierra. Todo es santo, todo es sagrado para quien vive de Voluntad Divina. 53 Ahora hija de mi corazón préstame atención y escúchame, unos cuantos días antes del descenso del Verbo sobre la tierra, Yo veía el Cielo abierto y el Sol del Verbo Divino a sus puertas, como para mirar sobre de quién debía emprender su vuelo, para volverse celestial Prisionero de una criatura. ¡Oh! cómo era bello verlo a las puertas del Cielo, como vigilando y espiando a la afortunada criatura que debía albergar a su Creador; y a la Trinidad Sacrosanta observando la tierra no más extraña a Ella, porque estaba la pequeña María que poseyendo la Divina Voluntad había formado el reino divino donde podía descender seguro, como en su propia habitación, en la que encontraba el Cielo y los tantos soles de tantos actos de Voluntad Divina hechos en mi alma. La Divinidad regurgitó de amor y se quitó el manto de justicia que desde tantos siglos había tenido con las criaturas, y se cubrió con el manto de misericordia infinita, y decretaron entre Ellos el descendimiento del Verbo, y están en acto de hacer sonar la hora del cumplimiento. A este sonido Cielo y tierra quedan estupefactos y se pusieron atentos para ser espectadores de un exceso de amor tan grande y de un prodigio tan inaudito. Tu Mamá se sentía incendiada de amor, y haciendo eco al amor de mi Creador quería formar un solo mar de amor, a fin de que descendiera en él el Verbo, mis plegarias eran incesantes, y mientras oraba en mi habitación, un ángel viene mandado del Cielo como mensajero del gran Rey, se me pone delante e inclinándose me saludó: “Ave, ¡oh! María, Reina nuestra, el Fiat Divino te ha llenado de gracia. Ya ha pronunciado el Fiat porque quiere descender, está detrás de mí, pero quiere tu Fiat para formar el cumplimiento de su Fiat.” Ante un anuncio tan grande, tan deseado por Mí, pero jamás había pensado que fuera Yo la elegida, quedé estupefacta y vacilé un instante, pero el ángel del Señor me dijo: “No temas Reina nuestra, Tú has encontrado gracia ante Dios, Tú has vencido a tu Creador, por eso, para cumplir la victoria pronuncia tu Fiat.” Yo pronuncié el Fiat, y ¡oh! maravilla, los dos Fiat se fusionaron y el Verbo Divino descendió en Mí. Mi Fiat que era valorado con el mismo valor del Fiat Divino, formó del germen de mi humanidad la pequeñita Humanidad que debía encerrar al Verbo, y fue cumplido el gran prodigio de la Encarnación. ¡Oh! potencia del Fiat Supremo, Tú me elevaste tanto, de volverme poderosa hasta poder crear en Mí aquella Humanidad que debía contener al Verbo Eterno, que Cielos y tierra no podían contener. Los Cielos se estremecieron y toda la Creación se puso en actitud de fiesta, y recreándose de alegría cantaban sobre la casita de Nazaret para dar los homenajes y saludos al Creador humanado, y en su mudo lenguaje decían: “¡Oh! prodigio de los prodigios, que sólo un Dios podía hacer, la inmensidad se ha 54 empequeñecido, la potencia se ha vuelto impotente, su altura inenarrable se ha abajado hasta el abismo del seno de una Virgen, y al mismo tiempo ha quedado pequeño e inmenso, potente e impotente, fuerte y débil.” Hija mía querida, tú no puedes comprender lo que sintió tu Mamá en el momento de la Encarnación del Verbo. Todos me apuraban y esperaban mi Fiat, podría decir omnipotente. Ahora hija querida escúchame, cómo te debe importar el hacer y el vivir de Voluntad Divina, mi potencia existe todavía, hazme pronunciar mi Fiat sobre tu alma, pero para hacer esto quiero el tuyo, por sí solo no se puede hacer un verdadero bien, sino que siempre entre dos se hacen las obras más grandes. Dios mismo no quiso hacer las cosas por Sí solo, sino que me quiso a Mí junto para formar el gran prodigio de la Encarnación, y en mi Fiat y en el suyo formó la Vida del Hombre y Dios, se ajustó la suerte del género humano, el Cielo no estuvo más cerrado, todos los bienes venían encerrados en medio a los dos Fiat. Por eso pronunciemos juntas Fiat, Fiat, y mi amor materno encerrará en ti la Vida de la Divina Voluntad. Por ahora basta, mañana te espero de nuevo para narrar a mi hija lo que siguió a la Encarnación.

16° día La Reina del Cielo en el reino de la Divina Voluntad.

  En la casa de Nazaret Cielo y tierra están por darse el beso de paz. 

La hora divina está cercana.




Lección de la Reina del Cielo

 Hija mía queridísima, si tú supieras cómo suspiro por tenerte encerrada en el reino de la Divina Voluntad, cada lección que te doy son barreras que formo para impedirte la salida y son fortaleza para ponerle muros a tu voluntad, a fin de que comprenda y ame el estar bajo el dulce imperio del Fiat Supremo. Por eso sé atenta en escucharme, porque no son otra cosa que trabajo que hace tu Mamá para atraer y raptar tu voluntad, y hacer vencer la Divina Voluntad sobre ti. Ahora amada hija mía escúchame, Yo partí del templo con el mismo valor con el que entré y sólo por cumplir la Divina Voluntad, Yo fui a Nazaret y no encontré más a mis queridos y santos padres. Iba acompañada sólo de san José, y Yo veía en él a mi buen ángel que Dios me había dado para mi custodia, si bien tenía legiones de ángeles que me acompañaban en el viaje. Todas las cosas creadas me hicieron reverencias de honor, y Yo agradeciéndoles di a cada cosa creada mi beso y mi saludo de Reina y así se llegó a Nazaret. Ahora, tú debes saber que san José y yo nos veíamos con reserva y sentíamos el corazón desbordante, porque el uno quería hacer conocer al otro que estábamos atados a Dios con el voto de virginidad perenne. Finalmente se rompió el silencio y ambos nos manifestamos el voto. ¡Oh! cómo nos sentimos felices, y agradeciendo al Señor nos prometimos vivir juntos como  hermano y hermana. Yo era atentísima en servirlo, nos mirábamos con veneración y la aurora de la paz reinaba en medio de nosotros. ¡Oh, si todos se miraran en Mí para imitarme! Yo me adaptaba a la vida común, nada hacía traslucir fuera de los grandes mares de gracia que poseía. Ahora escucha hija mía, en la casa de Nazaret Yo me sentía más que nunca enfervorizada y rogaba que el Verbo Divino descendiera sobre la tierra. La Divina Voluntad que reinaba en Mí no hacía otra cosa que investir todos mis actos de luz, de belleza, de santidad, de potencia, sentía que formaba el reino de la luz, pero la luz que siempre surge, el reino de la belleza, santidad y potencia que siempre crece, así que todas las cualidades divinas que el Fiat Divino extendía en Mí con su reinar, me llevaban la fecundidad. La luz que me invadía era tanta, que mi misma humanidad quedaba de tal manera embellecida e investida por este Sol del Querer Divino, que no hacía otra cosa que producir flores celestiales; Yo sentía que el Cielo se abajaba hasta Mí, y que la tierra de mi humanidad subía, y Cielo y tierra se abrazaban, se pacificaban para darse el beso de paz y de amor, y la tierra se disponía a producir el germen para formar al Justo, al Santo, y el Cielo se abría para hacer descender al Verbo en este germen. Yo no hacía otra cosa que subir y descender de mi patria celestial y arrojarme en los brazos paternos de mi Padre celestial y le decía con el corazón: “Padre santo, no puedo más, me siento consumir, y mientras ardo siento una fuerza poderosa que quiere venceros, con las cadenas de mi amor quiero ataros para desarmaros, a fin de que no tarden más, sobre las alas de mi amor quiero transportar al Verbo Divino del Cielo a la tierra.” Y rogaba y lloraba porque me hubiera escuchado. Y la Divinidad vencida por mis lágrimas y plegarias me aseguró diciéndome: “Hija, ¿quién te puede resistir? Has vencido, la hora divina está cercana. Tú regresa a la tierra y continúa tus actos en la potencia de mi Querer, y con éstos, todos quedarán sacudidos, y Cielo y tierra se darán el beso de paz.” Pero a pesar de esto yo no sabía aún que debía ser la Madre del Verbo Eterno. Ahora hija querida, escúchame y comprende bien qué significa vivir de Voluntad Divina; Yo con vivir de Ella formé el Cielo y su reino divino en mi alma, si no hubiera formado en Mí este reino, jamás el Verbo hubiera podido descender del Cielo a la tierra, si descendió fue porque descendió en su reino que la Divina Voluntad había formado en Mí, encontró en Mí su Cielo, sus alegrías divinas, jamás el Verbo habría descendido dentro de un reino extraño, ¡ah! no, no, quiso primero formarse su reino en Mí, y descender como vencedor a su reino, y no sólo esto, sino que con vivir siempre de Divina  Voluntad, Yo adquirí por gracia lo que en Dios es naturaleza, la fecundidad divina para formar sin obra de hombre el germen para hacer germinar de Mí la Humanidad del Verbo Eterno. ¿Qué cosa no puede hacer la Divina Voluntad obrante en una criatura? Todo, y todos los bienes posibles e imaginables. Por eso lo que más te debe importar es que todo sea en ti Voluntad Divina, si quieres imitar a tu Mamá y hacerme contenta y feliz.

sábado, 13 de mayo de 2023

15° día. La Reina del Cielo en el Reino de la Divina Voluntad.

 Sale del templo. Esponsales con san José. Espejo divino al que llama a mirarse a todos aquellos que son llamados por Dios al estado conyugal.



Lección de la Reina del Cielo

Vamos hija mía, ánimo y confianza en tu Mamá y propósito férreo de no dar jamás vida a tu voluntad. ¡Oh! cómo quisiera oír de tus labios: “Mamá mía, mi voluntad ha terminado, y todo el imperio lo tiene en mí el Fiat Divino.” Éstas son las armas que la hacen estar muriendo continuamente, y vencen el corazón de tu Mamá para usar todas las artes amorosas de Madre, para que su hija viva en el reino de su Mamá. Para ti será dulce muerte, que te dará la verdadera vida, y para Mí será la más bella de las victorias que haré en el reino de la Divina Voluntad, por eso confianza y ánimo en Mí, la desconfianza es de los viles y de aquellos que no están verdaderamente decididos a obtener la victoria, y por eso están siempre sin armas, y sin armas no se vence y se es siempre intermitente y vacilante en hacer el bien. Ahora hija mía escúchame, Yo continuaba mi vida en el templo y mis escapadas para allá arriba, a mi patria celestial; Yo tenía mis derechos de hija de hacer mis pequeñas visitas a mi Familia Divina, que más que padre me pertenecía, pero cual no fue mi sorpresa cuando en una de estas visitas mías me hicieron conocer que era Voluntad de ellos que saliera del templo, uniéndome con el vínculo de esponsalicio según el uso externo de aquellos  tiempos, con un hombre santo llamado José, y retirarme junto con él a vivir en la casa de Nazaret. Hija mía, en este momento de mi vida, aparentemente parecía que Dios quería ponerme en prueba y en riesgo. Yo no había amado jamás a ninguno en el mundo, y como la Voluntad Divina tenía su extensión en todo mi Ser, mi voluntad humana no tuvo jamás un acto de vida, por eso en Mí faltaba el germen del amor humano, ¿cómo podía amar a un hombre, por cuan santo fuera, en el orden humano? Es verdad que Yo amaba a todos, y era tanto el amor hacia todos, que mi amor de Madre me los había escrito con caracteres imborrables de fuego, uno por uno en mi materno corazón, pero esto era todo en el orden del amor divino, porque el amor humano comparado con el divino se puede llamar sombras, pinceladas, átomos de amor. Sin embargo hija querida, lo que aparentemente parecía riesgo y como extraño a la santidad de mi vida, Dios se sirvió de ello admirablemente para cumplir sus designios y concederme la gracia que Yo tanto suspiraba, esto es, que descendiera el Verbo a la tierra. Dios me daba la salvaguarda, la defensa, la ayuda, a fin de que ninguno pudiera murmurar de Mí, sobre mi honestidad, San José debía ser el cooperador, el tutor que debía tomar el interés de aquél poco de humano que se necesitaba, y la sombra de la Paternidad celestial en la cual debía ser formada nuestra pequeña familia celestial sobre la tierra. Entonces, a pesar de mi sorpresa, rápidamente dije Fiat, sabiendo que la Divina Voluntad no me habría hecho mal, ni perjudicado mi santidad. ¡Oh! si hubiera querido poner un acto de mi voluntad humana, aun bajo el aspecto de no querer conocer hombre, habría mandado a la ruina los planes de la venida del Verbo sobre la tierra. Así que no es la diversidad de los estados la que perjudica a la santidad, sino la falta de la Divina Voluntad y el no cumplimiento de los propios deberes en el estado en el cual Dios llama a la criatura, todos los estados son santos, también el matrimonio, con tal que dentro esté la Divina Voluntad y el sacrificio exigido de los propios deberes, pero la mayor parte son indolentes y perezosos, y no sólo no se hacen santos, sino que forman del estado de cada uno, quién un purgatorio y quién un infierno. Por eso en cuanto conocí que debía salir del templo, Yo no hice movimiento alguno, esperando que Dios mismo moviera las circunstancias externas para hacerme cumplir su adorable Voluntad, como de hecho sucedió. Los Superiores del templo me llamaron y me dijeron que era su voluntad, y también la costumbre de aquellos tiempos, el que Yo debía prepararme al casamiento; Yo acepté. Milagrosamente la selección entre tantos cayó sobre  san José, y así se formó el esponsalicio y salí del templo. Por eso te ruego hija de mi corazón, que en todas las cosas, lo que más te importe sea sólo la Divina Voluntad, si quieres que los designios divinos se cumplan sobre ti.

14° día La Reina del Cielo en el reino de la Divina Voluntad.

 Su vida en el templo forma el nuevo día para hacer despuntar el refulgente Sol del Verbo Divino sobre la tierra. Se hace modelo de las almas consagradas al Señor.

Lección de la Reina del Cielo Hija mía queridísima, cómo es dulce tu susurro en mi oído al oírte decir que quieres ser encerrada por Mí en el templo vivo de la Divina Voluntad, y que no quieres otra compañía sino la de tu Jesús y la mía. ¡Ah! hija querida, tú haces surgir en mi materno corazón las alegrías de verdadera Madre, y si esto me haces hacer, Yo estoy segura que mi hija será feliz, mis alegrías serán las suyas, y tener una hija feliz es la más grande felicidad y gloria de un corazón materno. Ahora escúchame hija mía, Yo llegué al templo sólo para vivir de Voluntad Divina, mis santos padres me confiaron a los superiores del templo, consagrándome al Señor, y mientras esto hicieron Yo estaba vestida de fiesta, cantaron himnos y profecías respecto al futuro Mesías, ¡oh! cómo se alegraba mi corazón, después, con valor di el adiós a mis queridos y santos padres, besé su mano derecha, les agradecí por los cuidados que tuvieron de mi infancia, y porque con tanto amor y sacrificio me habían consagrado al Señor. Mi presencia pacífica, sin llorar y valerosa les infundió tal ánimo, que tuvieron la fuerza de dejarme y apartarse de Mí. La Voluntad Divina imperaba sobre Mí, y extendía su reino en todos aquellos actos míos. ¡Oh! potencia del Fiat, sólo Tú podías darme el heroísmo, que si bien tan pequeña, tuve la fuerza de separarme de quienes tanto me amaban y que Yo veía que se sentían destrozar el corazón al separarse de Mí. 43 Ahora hija mía escúchame, Yo me encerré en el templo, y lo quiso el Señor para hacerme extender en mis actos que debía hacer en él, el reino de la Divina Voluntad, para hacerme preparar el terreno con mis actos humanos, y el cielo de la Divina Voluntad que debía formarse sobre este terreno, a todas las almas consagradas al Señor. Yo era atentísima a todos los deberes que se acostumbraban hacer en aquel lugar santo, Yo era pacífica con todos, jamás di amarguras ni molestias a ninguno, me sometía a los servicios más humildes, no le encontraba dificultad a nada, ni a barrer, ni a cocinar, cualquier sacrificio era para Mí un honor, un triunfo, ¿pero quieres saber por qué? Yo no veía nada, todo para Mí era Voluntad de Dios, así que la campanita que me llamaba era el Fiat, Yo oía el sonido misterioso del Querer Divino que me llamaba en el sonido de la campanita, y mi corazón se alegraba y corría para ir donde el Fiat me llamaba. Mi regla era la Divina Voluntad, a mis superiores los veía como comandantes de un Querer tan santo, por eso para Mí la campanita, la regla, los superiores, mis acciones, incluso las más humildes, eran alegrías y fiestas que me preparaba el Fiat Divino, que extendiéndose también fuera de Mí me llamaba a extender su Voluntad para formar su reino en los más pequeños de mis actos, y Yo hacía como el mar, que esconde todo lo que posee y no deja ver otra cosa que agua, así hacía Yo, escondía todo en el mar inmenso del Fiat Divino, y no veía otra cosa que mar de Voluntad Divina, y por eso todas las cosas me llevaban alegrías y fiestas. ¡Ah! hija mía, en mis actos corrías tú y todas las almas, Yo no sabía hacer nada sin mi hija, era propiamente para mis hijos que preparaba el reino de la Divina Voluntad. ¡Oh! si todas las almas consagradas al Señor en los lugares santos hicieran desaparecer todo en la Divina Voluntad, cómo serían felices y convertirían las comunidades en tantas familias celestiales y poblaría la tierra de muchas almas santas. Pero, ¡ay de Mí! debo decirlo con dolor de Madre, ¿cuántas amarguras, trastornos, discordias no hay? Mientras la santidad no está en el oficio que les toca, sino en el cumplir la Voluntad Divina en cualquier oficio asignado a ellas, porque es la pacificadora de las almas, fuerza y sostén en los sacrificios más duros. Ahora préstame atención y escucha a tu Mamá que quiere dividir contigo su fortuna. Yo continuaba mi vida en el templo, pero el Cielo no estaba cerrado para Mí, Yo podía ir cuantas veces quería, tenía el paso libre para subir y descender; en el Cielo tenía mi Familia Divina con la cual Yo ansiaba ardientemente y suspiraba el entretenerme con Ellos, la Divinidad misma me esperaba con tanto amor para conversar conmigo, para felicitarse y hacerme más feliz, más bella, más querida a los ojos de Ellos, por otra parte no me habían creado para tenerme lejana, no, no, querían gozarme como hija, 44 querían escucharme, y como mis palabras animadas por el Fiat tenían la potencia de poner paz entre Dios y las criaturas, amaban el ser vencidos por su pequeña hija y oírse repetir: “Descienda, descienda el Verbo sobre la tierra.” Puedo decir que la misma Divinidad me llamaba, y Yo corría, volaba en medio a Ellos; mi presencia, porque no había hecho jamás la voluntad humana, los correspondía del amor y de la gloria de la gran obra de toda la Creación, y por eso me confiaban el secreto de la historia del género humano, y Yo rogaba y volvía a rogar que se diera la paz entre Dios y el hombre. Ahora hija mía, tú debes saber que sólo la voluntad humana cierra el Cielo, por eso no le era dado penetrar en aquellas regiones celestiales, ni de tener trato familiar con su Creador, por el contrario, la voluntad humana lo había arrojado lejos de Aquél que lo había creado. En cuanto el hombre se sustrajo de la Voluntad Divina se volvió miedoso, tímido, perdió el dominio de sí mismo y de toda la Creación, todos los elementos, porque dominados por el Fiat, permanecían superiores a él y le podían hacer mal. El hombre tenía miedo de todo, ¿y te parece poco hija mía que aquél que había sido creado rey, dominador de todo, llegara a tener miedo de Aquél que lo había creado? Extraño hija mía, y diría casi contra natura, el que un hijo tenga miedo de su padre, mientras que es natural que conforme se genera, se genera al mismo tiempo amor y confianza entre padre e hijo, y esto se puede llamar la primera herencia que toca al hijo, y el primer derecho que toca al padre. Así que Adán con hacer su voluntad perdió la herencia de su Padre, perdió su reino y se volvió el hazmerreír de todas las cosas creadas. Hija mía, escucha a tu Madre y pondera bien el gran mal de la voluntad humana, ella quita los ojos del alma y la hace volverse ciega, de modo que todo es tinieblas y miedo para la pobre criatura. Por eso pon la mano sobre tu corazón y jura a tu Mamá que quisieras morir antes que hacer tu voluntad. Yo, por no hacer jamás mi voluntad no tenía ningún miedo con mi Creador, ¿y cómo podía tener miedo si me amaba tanto? Y el reino se extendía tanto en Mí, que con mis actos iba formando el pleno día para hacer surgir el nuevo Sol del Verbo Eterno sobre la tierra, y Yo conforme veía que se iba formando el día, así aumentaba mis súplicas para obtener el suspirado día de la paz entre el Cielo y la tierra. Ahora, mañana te espero para narrarte otra sorpresa de mi vida acá abajo.

20° día La Reina del Cielo en el reino de la Divina Voluntad

 El pequeño Rey Jesús ha nacido. Los ángeles lo señalan y llaman a los pastores a adorarlo. Cielos y tierra se regocijan y el Sol del Verbo ...